Datazos
26/02/2026 18:28
Cómo vivir el último fin de semana antes de clases sin estrés
Especialistas recomiendan organización simple, diálogo y momentos de disfrute en familia para que el regreso al aula sea natural y los chicos comiencen el ciclo con entusiasmo.
El inicio del ciclo lectivo suele venir acompañado de listas de útiles, uniformes, horarios nuevos y cierta ansiedad generalizada. Sin embargo, el último fin de semana antes de volver a clases puede transformarse en una oportunidad para ordenar, anticipar y, sobre todo, acompañar emocionalmente a los chicos para que regresen contentos y tranquilos.
Bajar la exigencia, subir la calma
Uno de los errores más comunes es convertir esos días en una carrera contrarreloj. La recomendación es organizar lo básico —mochila, útiles, ropa— sin dramatizar. No hace falta que todo esté perfecto: lo importante es que el niño o adolescente sienta que empieza una etapa nueva con apoyo y sin presión excesiva.
Armar la mochila juntos, revisar los cuadernos o etiquetar los útiles puede convertirse en un momento compartido, no en una obligación estresante.
Retomar horarios de manera gradual
Si durante las vacaciones se relajaron los horarios de sueño, conviene ajustarlos progresivamente. Adelantar la hora de acostarse entre 30 y 60 minutos cada día ayuda a que el lunes no sea un choque brusco.
También es útil anticipar la rutina del primer día: a qué hora se levantarán, qué van a desayunar, quién los llevará o cómo será el traslado. La previsibilidad reduce la ansiedad.
Escuchar lo que sienten
El regreso a clases no genera lo mismo en todos. Algunos chicos están entusiasmados por reencontrarse con amigos; otros pueden sentir miedo, especialmente si cambian de escuela, de grado o atraviesan situaciones nuevas.
Preguntar cómo se sienten, qué esperan del nuevo año o si hay algo que les preocupe abre un espacio de confianza. A veces no buscan soluciones inmediatas, sino simplemente ser escuchados.
Evitar transmitir ansiedad adulta
Los adultos también viven el inicio de clases con tensiones: gastos, organización familiar, trabajo. Pero es importante no trasladar esa carga emocional a los chicos. Frases como “qué lío todo esto” o “se vienen meses complicados” pueden generar inquietud innecesaria.
En cambio, se puede reforzar una mirada positiva: “Empieza una nueva etapa”, “vas a aprender cosas nuevas”, “seguro vas a hacer amigos”.
Dejar espacio para el disfrute
El último fin de semana no debería ser solo preparación. Una salida sencilla, una tarde de plaza, una película en casa o una comida especial ayudan a cerrar las vacaciones con un recuerdo agradable.
No se trata de grandes planes, sino de compartir tiempo de calidad. Esa sensación de bienestar se traslada al lunes.
Un mensaje clave: confianza
El inicio de clases es un proceso natural. Con acompañamiento, organización simple y diálogo, puede vivirse sin sobresaltos. Cuando el entorno transmite seguridad y entusiasmo moderado, los chicos suelen responder de la misma manera.
El objetivo no es eliminar por completo los nervios —que son normales— sino transformarlos en expectativa positiva. Así, el regreso al aula deja de ser una carga y se convierte en una nueva oportunidad para crecer.