Internacional

7/01/2026 17:32

“Javid Shah”: las protestas en Irán reabren el debate sobre el regreso de Reza Pahlavi

En medio de una profunda crisis económica y once días consecutivos de manifestaciones contra la teocracia, crecen en las calles iraníes los cánticos a favor del hijo del último shah, que desde el exilio se posiciona como figura de transición y unidad nacional.



Desde su exilio en Estados Unidos, Reza Pahlavi, hijo y heredero del último shah de Irán, observa cómo las calles de su país se han convertido en el epicentro de una rebelión que ya no se limita a reclamos económicos, sino que cuestiona de manera directa la continuidad del régimen islámico. Lo que comenzó a fines de diciembre de 2025 como una protesta contra el colapso del poder adquisitivo derivó en un movimiento social que, con el correr de los días, incorporó consignas políticas cada vez más explícitas.

Con 65 años y residencia en el estado de Maryland, Pahlavi dejó de ser para muchos un símbolo nostálgico del pasado para transformarse en un actor político activo. A través de redes sociales y entrevistas con medios internacionales, el ex príncipe heredero llamó a sostener la presión en las calles hasta lograr la caída del ayatolá Alí Jamenei. En uno de sus mensajes más difundidos, instó a una movilización masiva y coordinada como forma de quebrar la capacidad represiva del régimen.

El mensaje también estuvo dirigido a las fuerzas armadas y de seguridad, a las que advirtió que atraviesan una “decisión histórica”: alinearse con la población o sostener a un sistema que, según el dirigente opositor, se encuentra en su momento de mayor debilidad. Incluso dedicó duras palabras al líder supremo, a quien acusó de haber llevado al país a una situación límite.

Las protestas, iniciadas el 28 de diciembre en Teherán, se extendieron a al menos 45 ciudades de 23 provincias. El detonante fue una crisis económica agravada por el desplome del rial, que perdió más de un tercio de su valor frente al dólar en un año, y una inflación persistente que erosionó durante años los ingresos de la población. A este escenario se sumaron daños en infraestructuras clave tras enfrentamientos bélicos con Israel durante 2025.

Según organizaciones de derechos humanos con sede en el exterior, al menos 27 manifestantes murieron a manos de las fuerzas de seguridad desde el inicio de esta ola de protestas, aunque cifras oficiales reconocen menos víctimas e incluyen bajas en las fuerzas policiales. Pese a la represión, las movilizaciones no se detuvieron y comenzaron a exhibir un fenómeno que desconcierta al propio régimen: la reaparición de consignas monárquicas como “Javid Shah” (Larga vida al rey) y “Pahlavi regresará”, incluso en ciudades tradicionalmente conservadoras.

Analistas internacionales interpretan este giro como la expresión de un hartazgo profundo con el orden vigente y una creciente idealización de la estabilidad asociada a la era Pahlavi. En entrevistas recientes, Reza Pahlavi definió la coyuntura como una “oportunidad de oro” para poner fin a la teocracia, descartó la necesidad de una intervención militar extranjera y apostó a un colapso interno basado en huelgas y desobediencia civil.

El dirigente sostiene que su rol no es necesariamente restaurar la monarquía, sino encabezar una transición democrática que incluya un referéndum para que la población decida la forma de gobierno. Bajo esa premisa, propone un proyecto de reconciliación nacional y reinserción internacional de Irán, al que denomina “Acuerdo de Ciro”, con el objetivo de normalizar relaciones con Occidente y la región.

Mientras el gobierno iraní envía señales ambiguas —como el pedido del presidente Masud Pezeshkian de diferenciar entre manifestantes y “alborotadores”—, las calles continúan marcando el pulso de una crisis que ya es considerada la más seria desde las protestas de 2022. En ese escenario, la figura de Reza Pahlavi vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre el futuro político de Irán.



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