Internacional

4/01/2026 21:51

Europa en alerta ante un posible avance de Trump sobre Groenlandia

La reciente captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos reavivó en Europa el temor de que Donald Trump concrete su viejo interés por anexar la isla ártica, estratégica para la seguridad global.


La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro, encendió alarmas en Europa por un escenario que hasta hace poco parecía improbable: una posible acción directa de Washington sobre Groenlandia. El presidente estadounidense Donald Trump manifestó en reiteradas oportunidades su interés por quedarse con la isla, a la que considera clave para la seguridad nacional de su país.

Durante años, esas declaraciones fueron tomadas como provocaciones o gestos retóricos. Sin embargo, la reciente operación en Venezuela llevó a diplomáticos y analistas europeos a replantear ese diagnóstico. En Bruselas y otras capitales del continente comenzó a instalarse la idea de que Trump cumple aquello que anuncia, incluso cuando desafía los consensos históricos entre aliados occidentales.

Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, ocupa una posición estratégica en el Ártico y alberga una de las bases militares más importantes de Estados Unidos, utilizada desde la Guerra Fría para la detección de misiles. Trump sostiene que Rusia y China tienen interés en la región, aunque actualmente no cuentan con presencia militar ni diplomática relevante en la isla.

A diferencia de otras intervenciones estadounidenses en América Latina, un eventual intento de anexión de Groenlandia tendría un impacto geopolítico sin precedentes: implicaría la ocupación de parte del territorio de un país europeo aliado. Dinamarca, con capacidades militares limitadas en la región, tendría escaso margen de respuesta directa.

Los tratados de la Unión Europea contemplan una cláusula de defensa mutua que obligaría al bloque a asistir a uno de sus miembros en caso de agresión externa. No obstante, en los círculos políticos europeos predomina la cautela y la incertidumbre sobre cómo actuar frente a un eventual avance estadounidense, ante el temor de perder el respaldo de Washington en materia de seguridad.

Mientras tanto, analistas y funcionarios europeos comienzan a debatir posibles respuestas políticas y económicas, que van desde sanciones comerciales hasta restricciones a empresas estadounidenses en el mercado europeo. Aunque nadie imagina un enfrentamiento militar directo, la posibilidad de hechos consumados preocupa a una Europa que observa con inquietud el giro de la política exterior de Estados Unidos y el impacto que podría tener en el equilibrio global.


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