El especialista en Relaciones Internacionales Federico Alejandro de Singlau analizó en La Máquina de Vapor, por DATASA, el nuevo proyecto vinculado con la defensa de la soberanía y planteó que la cuestión Malvinas debería preservarse como una política de Estado. Consideró positiva la posibilidad de negociar con empresas que operan en las islas, pero advirtió que mezclar el reclamo soberano con reformas sobre inteligencia, seguridad y defensa puede terminar siendo contraproducente.
Malvinas, entre la coyuntura y una política de Estado
La discusión sobre Malvinas volvió a ocupar un lugar central en la agenda argentina. Para Federico Alejandro de Singlau, licenciado en Relaciones Internacionales, docente de Geopolítica y jefe de la carrera de Relaciones Internacionales de UCASAL, el desafío no pasa únicamente por endurecer sanciones o modificar leyes, sino por construir una estrategia capaz de sobrevivir a los cambios de gobierno.
Entrevistado en La Máquina de Vapor, De Singlau sostuvo que la causa Malvinas necesita mantenerse por encima de las oscilaciones políticas e ideológicas.
El especialista observó que existe una línea de continuidad entre planteos contenidos en el Libro Blanco de la Defensa de 2023 y algunos aspectos del nuevo proyecto de defensa de la soberanía, particularmente en lo referido a la protección de los recursos naturales.
Según explicó, esa continuidad puede encontrarse en la posición argentina frente a la explotación de recursos en territorios cuya soberanía se encuentra en disputa.
“Argentina no puede permitir la explotación de recursos naturales en un territorio que considera nacional y aparte que está bajo disputa de soberanía”, señaló.
El problema de mezclar Malvinas con inteligencia y seguridad
De Singlau marcó, sin embargo, una diferencia importante respecto de cómo está estructurada la nueva iniciativa.
A su entender, incorporar dentro de una misma propuesta cuestiones vinculadas con Malvinas, defensa nacional, seguridad interna, inteligencia e intervención de agentes extranjeros puede dificultar la construcción de acuerdos.
“Me hubiese parecido más correcto elaborar un proyecto específico para Malvinas”, planteó.
Su propuesta sería separar la regulación relacionada con las empresas que explotan recursos naturales en las islas de cualquier reforma más amplia sobre defensa, inteligencia o seguridad.
Para estas últimas materias, sostuvo, debería buscarse también un acuerdo político amplio que permita convertirlas en políticas sostenidas en el tiempo.
“Me hubiese parecido más enriquecedor mantener las cuestiones separadas”, resumió.
Una salida negociada con las empresas
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista apareció al analizar qué hacer con las compañías extranjeras involucradas en la explotación de hidrocarburos en áreas vinculadas con Malvinas.
Frente a una estrategia basada exclusivamente en sanciones y prohibiciones, De Singlau destacó la posibilidad de generar incentivos para que esas empresas abandonen sus operaciones en las zonas en disputa y puedan invertir en territorio argentino.
“Me parece más positivo una ley que abra la puerta a una salida negociada, a otra que imponga solamente sanciones”, afirmó.
Su razonamiento parte de una limitación concreta: una sanción dictada en Argentina no necesariamente permite impedir materialmente las operaciones de una empresa extranjera fuera del territorio bajo control argentino.
En ese escenario, explicó, el país terminaría dependiendo de la identificación de activos en el exterior y de la cooperación de otros Estados para ejecutar las sanciones.
Por eso consideró que podría resultar más operativo ofrecer una alternativa económica: que una empresa deje de explotar recursos en la zona de Malvinas y tenga la posibilidad de invertir, por ejemplo, en Vaca Muerta.
El consenso como condición
La propuesta, aclaró, solo tendría posibilidades de mantenerse si consigue respaldo político interno.
De Singlau advirtió sobre el riesgo de diseñar una política que pueda ser eliminada inmediatamente ante un cambio de administración.
“¿Qué impediría que en 2027 asuma otra administración y eche por tierra estas cuestiones?”, preguntó.
Para el especialista, allí aparece uno de los problemas históricos de la política argentina: las oscilaciones entre gobiernos con orientaciones diferentes pueden terminar modificando decisiones que deberían sostenerse a largo plazo.
Malvinas, precisamente, debería evitar esa lógica.
Cautela ante Estados Unidos
De Singlau también pidió prudencia frente a las señales provenientes de Estados Unidos sobre la disputa por las islas.
Durante la entrevista sostuvo que no interpreta esas manifestaciones como un cambio estructural de la posición estadounidense ni como un respaldo directo a la Argentina.
“No es un apoyo directo a la Argentina en la causa Malvinas”, sostuvo, y consideró que debe interpretarse dentro de una coyuntura determinada de la administración norteamericana.
Por eso recomendó “mucha cautela” antes de considerar que existe una modificación permanente de la política estadounidense.
“Remalvinizar” desde la educación
La estrategia de largo plazo planteada por De Singlau no se limita a las relaciones diplomáticas.
El especialista puso el foco en la educación como herramienta para sostener la cuestión Malvinas entre nuevas generaciones.
“Me parece muy importante que se siga remalvinizando desde la educación”, expresó.
Según explicó, la enseñanza debería permitir comprender que la cuestión no se agota en las Islas Malvinas, sino que comprende también las demás islas del Atlántico Sur, los espacios marítimos circundantes y la proyección antártica.
Para De Singlau, esa construcción social resulta indispensable para que el reclamo pueda sostenerse como una verdadera política de Estado y no quede subordinado a las necesidades políticas de cada gobierno.
Rusia y Ucrania: el regreso de la “geopolítica cruda”
La conversación también abordó la guerra entre Rusia y Ucrania. De Singlau sostuvo que el conflicto demostró que herramientas que parecían relegadas en las relaciones internacionales continúan teniendo un peso decisivo.
Definió el escenario como un regreso a una etapa de “geopolíticas crudas”, donde el poder militar y el uso de la fuerza conservan una importancia central.
El especialista explicó que Rusia interpreta la expansión de la OTAN hacia Europa del Este y antiguas repúblicas soviéticas como una amenaza a su seguridad, aunque aclaró que esa es la percepción rusa y no necesariamente implica que la ampliación constituya objetivamente una amenaza.
Para De Singlau, la prolongación de la guerra también puso bajo tensión las expectativas depositadas en el derecho internacional y en organismos como Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad.
En ese escenario internacional cada vez más inestable, volvió sobre la misma idea que atravesó toda la entrevista: los Estados necesitan estrategias de largo plazo. Y para la Argentina, sostuvo, Malvinas es precisamente uno de los asuntos donde esa continuidad resulta fundamental.


