Walter, Aldana y Fiama viven en Santo Tomé y decidieron formalizar una relación de tres que comenzó hace apenas unos meses. Entre convivencia, una familia ensamblada multitudinaria y una boda en Uruguay, su historia se hizo viral y volvió a poner sobre la mesa una pregunta bastante humana: ¿cuántas formas puede tener una pareja?

El amor ya era complicado cuando involucraba a dos personas. Walter, Aldana y Fiama decidieron subir la dificultad y hacerlo de a tres.

Los protagonistas de esta historia viven en Santo Tomé, Santa Fe, mantienen una relación afectiva entre los tres y recientemente viajaron a Uruguay para celebrar una boda. Después regresaron a Argentina, hicieron una fiesta y contaron públicamente cómo nació un vínculo que rompió con el esquema tradicional de pareja.

Pero detrás de la curiosidad que provoca el casamiento hay una historia bastante más particular: Walter y Aldana llevaban 13 años juntos cuando fue ella quien propuso incorporar a Fiama a la relación.

De una propuesta inesperada a vivir juntos

Según relataron, la relación de tres comenzó hace aproximadamente tres meses.

Fiama conocía previamente a Walter porque había trabajado en una de sus empresas, aunque aseguró que entre ambos no había existido hasta entonces una relación sentimental.

La propuesta llegó desde Aldana. Walter se comunicó con Fiama y apenas dos días después los tres viajaron a Carlos Paz para conocerse desde otro lugar.

Lo que podía haber quedado como una experiencia terminó convirtiéndose rápidamente en una relación estable y luego en convivencia.

Aldana explicó con bastante sencillez por qué pensó precisamente en Fiama: ambas compartían una manera similar de entender las relaciones y, según resumió, tenían “la misma locura”.

Una familia de tres adultos y 12 hijos

La convivencia tampoco responde exactamente al modelo familiar convencional.

Walter tiene 12 hijos en total, contando hijos de relaciones anteriores y a los cuatro hijos de Fiama y los cuatro de Aldana, a quienes considera también parte de su familia.

Actualmente viven en un terreno de Santo Tomé donde existen dos viviendas. En una residen seis de los hijos, mientras que en la otra conviven Walter, Aldana y Fiama.

Los tres aseguran haber establecido sus propios acuerdos para sostener el vínculo y afirman que no existen celos entre ellos. Además, explicaron que Aldana y Fiama también mantienen una relación afectiva entre sí, por lo que no se trata simplemente de dos mujeres vinculadas individualmente con un mismo hombre.

Y ahí aparece quizá la parte más interesante de la historia. No tanto quién duerme con quién, asunto que inevitablemente parece fascinar a media humanidad, sino cómo tres adultos construyen reglas para una relación que no cuenta con el manual social que sí existe para las parejas tradicionales.

El viaje a Uruguay y una boda poco convencional

Con la convivencia en marcha, llegó la decisión de intentar formalizar el vínculo.

Los tres viajaron primero hasta Concordia y desde allí cruzaron hacia Uruguay para consultar sobre la posibilidad de celebrar la unión.

Según contó Walter, finalmente realizaron allí una ceremonia y debieron abonar una multa de 2.500 dólares. Tras regresar, organizaron una fiesta en Santo Tomé para celebrar junto a familiares y allegados.

La boda disparó la repercusión pública de la historia y comenzaron a recibir consultas desde distintos lugares.

Ahora preparan otro viaje, aunque esta vez con una misión bastante menos burocrática: Brasil será el destino elegido para la luna de miel de los tres.

¿Pareja, trieja o familia?

Más allá de lo pintoresco, la historia vuelve a colocar bajo discusión conceptos que durante décadas parecieron escritos en piedra.

Las relaciones no monógamas existen desde mucho antes de que las redes sociales les encontraran un nombre atractivo. Lo novedoso es su creciente visibilidad y la decisión de algunas personas de presentar públicamente esos vínculos como proyectos familiares.

Eso no significa que todas funcionen, ni que sean mejores o peores que la monogamia. Una relación de tres no elimina mágicamente los conflictos humanos. Los multiplica en combinaciones matemáticamente bastante interesantes. Siguen existiendo acuerdos, responsabilidades, convivencia, crianza, dinero, afectos y límites.

Walter, Aldana y Fiama eligieron organizar su vida alrededor de un vínculo que se sale de la norma. Y quizá allí esté el punto que convierte su historia en algo más que una rareza viral.

Porque mientras desde afuera discutimos cómo deberíamos llamarlos, ellos parecen bastante menos preocupados por la etiqueta: viven juntos, crían una familia y acaban de celebrar una boda.

Después de todo, si sostener una pareja de dos ya requiere negociación permanente, hacerlo de a tres posiblemente merezca, como mínimo, una planilla de Excel.

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