Astrid Aguirre Cazalbon analizó desde Brasil el resultado electoral y advirtió sobre el crecimiento de la derecha y el peso que tendrá en el Congreso. Para la especialista, las mejoras económicas y sociales no alcanzaron para evitar un voto que volvió a fortalecer al espacio conservador.
Brasil votó y dejó una paradoja sobre la mesa: la economía puede mejorar y, aun así, el oficialismo puede perder terreno político.
Esa es una de las principales lecturas que hizo Astrid Yanet Aguirre Cazalbon, licenciada en Economía por la Universidad Nacional de Salta y magíster en Integración Contemporánea de América Latina, durante una entrevista con DATASA desde Brasil.
Para Aguirre Cazalbon, el resultado mostró un crecimiento significativo de la derecha y el centroderecha, además de una elección mucho más ajustada de lo esperado entre Lula y Flávio Bolsonaro.
Incluso habló de la posibilidad de un “voto silencioso”, con un apoyo a la derecha que habría sido subestimado previamente.
El problema para Lula no termina en el balotaje
La especialista puso el foco también en la composición del Congreso.
Según su análisis, fuerzas de derecha, centroderecha y sectores del denominado centrão consiguieron conservar una presencia importante, algo que podría condicionar un eventual nuevo gobierno de Lula.
Es decir, para el actual mandatario la elección no se reduce solamente a conseguir los votos necesarios para imponerse en una segunda vuelta.
Aun ganando, sostuvo Aguirre Cazalbon, debería gobernar frente a un Congreso con fuerte presencia de sectores ubicados a su derecha.
Si la economía mejoró, ¿por qué creció la derecha?
Ahí aparece probablemente la pregunta más interesante de toda la entrevista.
Aguirre Cazalbon sostuvo que Brasil presenta mejores condiciones económicas que Argentina y mencionó una recuperación del poder adquisitivo, mejoras del salario mínimo, aumentos en programas sociales como Bolsa Família y políticas destinadas a aliviar el endeudamiento de sectores de menores ingresos.
Entre ellas destacó el programa Desenrola, utilizado para facilitar la regularización de deudas.
Sin embargo, según su lectura, esos avances no se tradujeron automáticamente en votos para Lula.
“Hay también un cansancio en la región respecto del populismo de izquierda o de los partidos asociados a él”, señaló.
La elección brasileña vuelve así a poner sobre la mesa una vieja incomodidad de la política: mejorar indicadores económicos no garantiza conservar el voto.
Un Brasil atravesado por enormes desigualdades
Para Aguirre Cazalbon, tampoco puede analizarse el resultado sin mirar las profundas diferencias sociales y territoriales brasileñas.
Describió un país con una fuerte concentración de riqueza, grandes periferias urbanas y desigualdades entre regiones.
También destacó el peso político y social de las iglesias evangélicas, incluso entre sectores populares, como uno de los factores que intervienen en la construcción del voto.
Y volvió sobre una fractura electoral histórica: el norte y nordeste con mayor fortaleza del PT frente a un sur considerablemente más inclinado hacia la derecha.
Según relató, durante el recuento parecía inicialmente que Flávio Bolsonaro podía conseguir un resultado todavía mayor, hasta que comenzaron a incorporarse los votos provenientes del norte.
“El norte termina salvando a Brasil”, resumió, desde su propia mirada política sobre el resultado.
Lula y el problema del sucesor
Pero Aguirre Cazalbon introdujo otro problema que excede esta elección: ¿qué viene después de Lula?
La especialista reconoció que el espacio progresista brasileño tiene dirigentes, pero consideró que ninguno consiguió hasta ahora desarrollar el peso electoral y el liderazgo del actual presidente.
Mencionó, entre otros, a Fernando Haddad, aunque señaló que esas figuras no alcanzaron el nivel de arrastre electoral de Lula.
La cuestión generacional aparece entonces como uno de los desafíos del PT.
Lula continúa siendo la figura capaz de concentrar buena parte del voto de su espacio, mientras la derecha consiguió consolidarse como una fuerza competitiva y con presencia institucional.
Una elección que mira toda la región
La lectura de Aguirre Cazalbon deja una conclusión que va bastante más allá de Brasil.
El resultado muestra que la discusión política latinoamericana no parece ordenarse exclusivamente alrededor del bolsillo. Identidad, religión, territorio, redes sociales, rechazo a determinadas tradiciones políticas y nuevas expresiones de derecha también participan de la decisión electoral.
Brasil llega así a la segunda vuelta con una elección abierta y una polarización que no desapareció.
Cambió el escenario, cambiaron algunos protagonistas y cambió parte de la economía.
La grieta brasileña, en cambio, sigue perfectamente viva.



