Evelyn Cantero explicó en DATASA cómo funciona el turismo comunitario, una propuesta que busca que los beneficios económicos permanezcan en las comunidades locales. Hospedajes familiares, guías del lugar, gastronomía y experiencias culturales forman parte de un modelo que intenta cambiar la manera de conocer el Norte.
El crecimiento del turismo suele medirse en vuelos, plazas hoteleras, ocupación y cantidad de visitantes. Pero Evelyn Cantero planteó otra pregunta durante una entrevista con DATASA: ¿quiénes se quedan realmente con el dinero que genera esa actividad?
A partir de ese interrogante aparece el turismo comunitario, un modelo pensado y gestionado junto a las propias comunidades que habitan los destinos.
Según explicó Cantero, el objetivo es evitar que los territorios soporten los efectos negativos del turismo masivo mientras los mayores beneficios económicos terminan lejos del lugar donde se genera la experiencia.
Qué es el turismo comunitario
El concepto propone que quienes viven en cada territorio tengan una participación directa en la actividad turística.
Eso incluye desde el alojamiento hasta los recorridos, la gastronomía y las experiencias culturales.
Cantero explicó que desde Cusi trabajan como una red integrada por guías locales, anfitrionas, mujeres referentes y casas de familia.
La propuesta busca que el viajero pueda alojarse en hospedajes familiares, contratar directamente a personas del lugar y construir un recorrido basado en el contacto con quienes conocen realmente el territorio.
“No hay mejor persona que una persona residente local que conozca el sitio para poder conocerlo junto a ellos”, sostuvo.
Conocer la cultura y no solamente consumir el paisaje
Uno de los puntos centrales de la propuesta es modificar la lógica tradicional del visitante que llega, observa, fotografía y se va.
Para Cantero, el turismo comunitario busca generar una experiencia más profunda.
La gastronomía es un ejemplo. En lugar de limitarse a probar un plato típico, el visitante puede conocer a quien lo prepara, compartir la mesa con una familia, conocer los ingredientes locales e incluso acercarse a las chacras y espacios donde comienza el proceso productivo.
También se ofrecen caminatas interpretativas con guías locales, encuentros culturales, salidas grupales e itinerarios personalizados.
La idea, explicó, es que el viajero deje de ser únicamente un espectador.
El dinero también debe quedarse en el lugar
El turismo comunitario incorpora además una dimensión económica.
Cantero remarcó que cuando los servicios son prestados directamente por habitantes de cada localidad, una mayor parte del dinero generado por el turismo puede permanecer dentro del territorio y circular en su propia economía.
Ese esquema permite beneficiar no solamente a prestadores individuales, sino también fortalecer actividades e infraestructura locales.
Es, en definitiva, una discusión sobre quién produce el valor turístico y quién termina apropiándose de él. Porque, aparentemente, hasta para mirar un cerro había que revisar la distribución de la riqueza. La humanidad nunca pierde una oportunidad de complicar lo aparentemente sencillo.
El riesgo de convertir la cultura en mercancía
Cantero también advirtió sobre uno de los efectos del turismo masivo: la posibilidad de transformar costumbres y expresiones culturales en productos adaptados exclusivamente al visitante.
Según explicó, las temporadas turísticas pueden terminar modificando prácticas locales para hacerlas coincidir con los períodos de mayor demanda.
Frente a eso, propuso pensar un calendario turístico más relacionado con los tiempos culturales de cada comunidad y menos dependiente de la estacionalidad comercial.
Esto permitiría, además, distribuir los ingresos turísticos durante distintos momentos del año.
El potencial de Salta y el NOA
Para Cantero, Salta y el Norte argentino cuentan con un enorme potencial para desarrollar este modelo.
La diversidad cultural, las historias de las comunidades, la gastronomía y los conocimientos locales permiten construir experiencias diferentes al turismo tradicional.
“Todo el norte está enriquecido culturalmente de una manera abismal y que Argentina no llegó a conocer todavía”, señaló.
El desafío, entonces, no pasa únicamente por conseguir que lleguen más turistas.
También implica preguntarse cómo llegan, qué relación establecen con el territorio y cuánto de lo que gastan queda realmente en manos de quienes viven allí.


