Todavía falta para las urnas, pero la interna ya arrancó. Sergio Massa reactiva el Frente Renovador y busca instalar nombres para suceder a Axel Kicillof; el cristinismo profundiza su despliegue bonaerense y Ricardo Quintela intenta sacar la discusión de Buenos Aires para sumar gobernadores. Por ahora hay tregua. Unidad, bastante menos.
El peronismo todavía no sabe quién lo conducirá en 2027, pero sus principales sectores parecen tener algo bastante más claro: nadie quiere llegar tarde al reparto de poder.
Mientras el Gobierno de Javier Milei intenta avanzar con cambios en el sistema electoral, dentro de la oposición comenzaron a multiplicarse los movimientos territoriales. Sergio Massa, Máximo Kirchner y Ricardo Quintela avanzan por caminos diferentes, aunque todos persiguen un objetivo parecido: llegar a la discusión presidencial con estructura, dirigentes y capacidad de negociación.
La reciente reunión que volvió a sentar en una misma mesa a Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof permitió exhibir una tregua frente a un adversario común y articular el rechazo a la eliminación de las PASO. Pero una fotografía política de unidad, incluso cuando ni siquiera hay fotografía, no resuelve la pregunta central: quién manda y quién será candidato.
Massa mira la Provincia y prepara sucesores
El Frente Renovador comenzó a reactivar su maquinaria en territorio bonaerense. Massa puso en marcha encuentros regionales destinados a fortalecer equipos locales y preparar dirigentes para disputar municipios en 2027.
El primer paso se dio en Maipú, con representantes de los 27 municipios de la Quinta Sección Electoral y la intención de construir alternativas competitivas en 14 intendencias.
Pero detrás del despliegue municipal aparece una discusión bastante más grande: la sucesión de Axel Kicillof en la Gobernación bonaerense.
El massismo ya empieza a mostrar nombres propios. Entre ellos sobresale Juan Andreotti, intendente de San Fernando, acompañado en el radar por Malena Galmarini y Sebastián Galmarini. Massa, al menos por ahora, no tendría previsto competir personalmente por la Gobernación.
El tablero está cargado. El Movimiento Derecho al Futuro tiene figuras como Julio Alak, Gabriel Katopodis y Carlos Bianco, mientras La Cámpora conserva alternativas como Eduardo “Wado” de Pedro y Mayra Mendoza.
En otras palabras, todos hablan de reconstrucción mientras discretamente van midiendo quién se queda con la casa.
El cristinismo tampoco piensa mirar desde la tribuna
El sector alineado con Cristina Kirchner también comenzó a recorrer la Provincia.
La agrupación Peronismo por la Provincia de Buenos Aires, encabezada por Víctor Santa María, desarrolla encuentros en diferentes secciones electorales y mantiene como eje político la reivindicación del liderazgo de la expresidenta.
El espacio sostiene que una candidatura presidencial podría ser encabezada por Cristina o por una figura definida por ella y, al mismo tiempo, reivindica las PASO como mecanismo para resolver las diferencias internas.
Ese último punto no es menor.
Para un peronismo atravesado por liderazgos que compiten entre sí, conservar las primarias significa disponer de una herramienta para evitar que la discusión termine directamente en una fractura electoral.
Máximo Kirchner, mientras tanto, volvió a compartir una mesa política con Kicillof después de meses de distanciamiento. El encuentro sirvió para coordinar posiciones frente al Gobierno nacional, pero no borró las diferencias entre el cristinismo y el gobernador bonaerense.
La tregua existe. La sucesión sigue completamente abierta.
Quintela quiere que el peronismo mire más allá de Buenos Aires
Mientras Buenos Aires concentra buena parte de la pelea, Ricardo Quintela intenta correr el centro de gravedad hacia las provincias.
El gobernador de La Rioja propone conformar una mesa federal que incorpore dirigentes y mandatarios que no necesariamente responden al kirchnerismo o al massismo.
Entre los nombres que puso sobre la mesa aparecen Juan Schiaretti, Martín Llaryora y Natalia de la Sota, dirigentes vinculados al peronismo cordobés y con una identidad política propia.
La estrategia busca construir coincidencias alrededor de problemas que atraviesan al interior: economías regionales, empleo, consumo y recursos nacionales.
Para Quintela, la reconstrucción opositora no puede reducirse a una negociación entre dirigentes bonaerenses. Y ese planteo también es una disputa de poder: federalizar al peronismo significa discutir cuánto pesan Buenos Aires y el kirchnerismo cuando llegue el momento de elegir candidato.
Primero el territorio, después los candidatos
Massa fortalece estructura. Máximo y el cristinismo recorren la Provincia. Kicillof conserva su propio armado. Quintela busca gobernadores.
Todos hablan de 2027 sin necesidad de decir 2027 en cada oración.
La paradoja es bastante peronista: la amenaza externa vuelve a sentarlos juntos mientras la sucesión interna los obliga a diferenciarse.
El rechazo compartido a la eliminación de las PASO puede funcionar como una primera coincidencia, pero está lejos de resolver el problema de fondo. El peronismo necesita definir liderazgo, programa y candidato presidencial mientras varios de sus dirigentes construyen simultáneamente sus propias plataformas.
Por eso la carrera ya empezó.
No hay candidato. No hay conducción indiscutida. Ni siquiera está claro bajo qué formato terminarán compitiendo.
Lo único que sobra, como suele ocurrir en la política argentina, son aspirantes.


