La contadora pública Gilda Di Fonzo explicó en Mesa Chica la importancia de hablar de dinero, planificar los gastos familiares y revisar consumos invisibles como suscripciones, intereses y pequeños pagos diarios.
Hablar de dinero sigue siendo un tema incómodo para muchas familias argentinas. Sin embargo, en un contexto económico marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la inflación y el endeudamiento, ordenar las cuentas personales dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.
En diálogo con Mesa Chica, la contadora pública nacional Gilda Di Fonzo remarcó que uno de los principales problemas es que muchas personas no saben con precisión cuánto ganan, cuánto gastan y en qué se les va el dinero cada mes. Parece básico, pero en Argentina hasta mirar el resumen de la tarjeta puede sentirse como abrir una película de terror.
Hablar de dinero, el primer paso para ordenar la economía familiar
Dí Fonzo señaló que hablar de dinero todavía funciona como un tabú. Muchas personas evitan decir cuánto ganan, cuánto deben o cuánto gastan. Esa falta de registro, explicó, complica la toma de decisiones.
La contadora sostuvo que el primer paso es anotar los ingresos y egresos. Es decir, saber cuánto dinero entra al hogar y cuánto sale en alquiler, servicios, comida, transporte, educación, salud y otros compromisos fijos.
También destacó la importancia de reconocer aquellos gastos que parecen pequeños, pero que al final del mes tienen un impacto fuerte.
Gastos hormiga y gastos vampiro: los enemigos silenciosos del bolsillo
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la diferencia entre los gastos hormiga y los gastos vampiro.
Los gastos hormiga son consumos pequeños y frecuentes. Un café, un alfajor, una botella de agua o compras mínimas que parecen inofensivas. El problema aparece cuando se suman durante todo el mes.
Por otro lado, los gastos vampiro son aquellos que “chupan” dinero sin que la persona lo note. Entre ellos aparecen las suscripciones que ya no se usan, seguros contratados por teléfono, débitos automáticos olvidados, plataformas en dólares o consumos eléctricos innecesarios.
Dí Fonzo recomendó revisar cuentas, aplicaciones, billeteras virtuales y resúmenes bancarios. Muchas veces, el ahorro empieza simplemente por cortar gastos que nadie usa, pero que siguen cobrando como si fueran herederos del sueldo.
Tarjetas, billeteras virtuales y deuda: leer la letra chica
La contadora también advirtió sobre el uso de tarjetas y billeteras virtuales. Aclaró que no son herramientas negativas, pero sí pueden convertirse en un problema si se usan sin información.
En ese sentido, pidió prestar atención a los intereses. Algunas billeteras ofrecen pagar compras el mes siguiente, pero con tasas muy altas. Lo mismo ocurre cuando se paga solo el mínimo de la tarjeta de crédito.
Según explicó, muchas personas terminan entrando en una “bola de nieve” de deuda porque no leen la letra chica o porque desconocen cuánto interés están aceptando pagar.
Jubilados y trabajadores, los sectores más golpeados
Dí Fonzo también se refirió a la situación de los jubilados. Señaló que muchos adultos mayores conocen muy bien la importancia de anotar gastos y organizar vencimientos. Sin embargo, el problema actual es que los ingresos ya no alcanzan.
La pérdida del poder adquisitivo golpea con fuerza a quienes tienen ingresos fijos. En ese marco, la planificación permite ordenar prioridades, aunque no resuelve por sí sola el problema de fondo: salarios y jubilaciones que corren desde atrás a los aumentos.
Educación financiera en las escuelas
Durante la entrevista, la contadora recordó que Salta cuenta con la Ley Provincial 8387, sancionada en 2023, vinculada a la educación financiera. La norma busca incorporar contenidos como dinero, presupuesto, ahorro e inversión en el nivel secundario.
Desde la Facultad de Ciencias Económicas se trabaja en capacitaciones y actividades de extensión para docentes, estudiantes, colegios y emprendedores. La idea es que la educación financiera no quede reservada solo para quienes estudian economía, sino que llegue a todos.
Porque saber manejar el dinero no debería ser un lujo académico. Debería ser tan básico como aprender a leer, escribir o entender que pagar el mínimo de la tarjeta no es una estrategia financiera, sino una trampa con moño.
¿Se puede ahorrar en crisis?
Dí Fonzo sostuvo que, aunque el contexto es difícil, el ahorro sigue siendo posible si se parte de la organización. Mencionó la regla 50-30-20 como una guía ideal: 50% para gastos fijos, 30% para deseos o consumos personales y 20% para ahorro.
De todos modos, reconoció que en la realidad argentina esa regla muchas veces resulta difícil de aplicar. Por eso, recomendó empezar por porcentajes más pequeños, pero sostener el hábito.
También remarcó que el ahorro no debería quedar quieto, ya que la inflación le quita valor. Por eso, sugirió informarse sobre alternativas de inversión, como billeteras remuneradas, instrumentos financieros, acciones o fondos, siempre con asesoramiento y entendiendo los riesgos.
Ordenarse para decidir mejor
La entrevista dejó una idea clara: no se trata solo de ganar más, sino de saber qué se hace con lo que se gana. En tiempos de crisis, hablar de dinero, revisar gastos, evitar deudas innecesarias y planificar puede marcar una diferencia concreta en la vida cotidiana.
La educación financiera no resuelve todos los problemas económicos del país. Tampoco hace magia, porque para eso ya tenemos demasiados discursos oficiales. Pero sí permite tomar mejores decisiones, cuidar el bolsillo y evitar que pequeños descuidos se conviertan en grandes deudas.


