El vicepresidente de la UIA Salta respaldó el régimen para grandes inversiones, pero planteó que su verdadero desafío es lograr que esos proyectos impulsen a proveedores, industrias y empleo argentino. Advirtió que para conseguirlo es necesario generar condiciones competitivas para las empresas locales.
Julio Fazio no discute la necesidad de atraer grandes inversiones. Su planteo va un paso más allá: qué queda en la economía argentina después de que esas inversiones llegan.
El vicepresidente de la UIA Salta y presidente de Cerámica Salteña explicó en una entrevista con DATASA que considera al RIGI una herramienta positiva, pero sostuvo que debe funcionar como un medio para desarrollar al resto del entramado productivo.
“El RIGI debe ser un medio para desarrollar el resto de la economía”, sintetizó Fazio al precisar posteriormente el concepto desarrollado durante la entrevista.
La locomotora necesita vagones
Durante la conversación, Fazio utilizó una imagen particularmente clara: los grandes proyectos vinculados a minería, energía y otros sectores pueden convertirse en la locomotora de la economía argentina, pero el desafío consiste en enganchar detrás al resto de los vagones.
“Tenemos que pensar cómo enganchamos los vagones”, señaló.
Eso significa conseguir que las inversiones generen demanda para fabricantes y proveedores argentinos, incorporen valor agregado y multipliquen el impacto sobre el empleo y la actividad económica.
Para Fazio, el crecimiento de algunos sectores no necesariamente implica desarrollo para toda la economía.
“Si el PBI crece, el país crece. Ahora, si ese PBI crece en tres sectores y quince sectores caen, es un crecimiento desigual”, sostuvo.
El problema de competir desde Argentina
La principal observación de Fazio sobre el régimen aparece en las condiciones que enfrentan los proveedores nacionales.
Según explicó, mientras los proyectos comprendidos por el RIGI cuentan con importantes beneficios para importar, una empresa argentina que pretende convertirse en proveedora continúa soportando cargas de la estructura tributaria local.
El empresario contrapuso esa situación con la de compañías extranjeras que pueden contar con reintegros en sus países de origen y luego ingresar productos destinados a proyectos RIGI bajo condiciones favorables.
“¿Cómo nivelamos la cancha?”, planteó.
Para Fazio, una empresa puede invertir puertas adentro para mejorar su productividad, pero existen componentes de la competitividad que escapan de sus decisiones: impuestos, logística, infraestructura y condiciones macroeconómicas.
RIGI sí, pero conectado con la producción
Fazio fue explícito durante la entrevista al definir al régimen: “Para mí, el RIGI es una buena ley, en términos generales”.
Su discusión, entonces, no pasa por RIGI sí o RIGI no.
Pasa por conseguir que las grandes inversiones no funcionen como islas dentro de la economía argentina.
En la mirada del industrial salteño, si minería, energía y los grandes proyectos que lleguen al país serán la locomotora de una nueva etapa económica, el objetivo debería ser que detrás viajen proveedores, fábricas, empleo y valor agregado argentino.
Porque tener una locomotora enorme sirve de bastante poco si dejamos los vagones en la estación.



