Durante cuatro días, Manos Oranenses convirtió al Parque de la Familia en una vidriera para artesanos y emprendedores gastronómicos. Hubo productos locales, comida y público acompañando una feria donde la consigna fue bastante sencilla: mostrar y vender lo que se hace en la ciudad.

Hay cosas que llegan a Orán en camión, otras por encomienda y una cantidad obscena aparecen después en las aplicaciones con la promesa de entrega gratis.

Manos Oranenses juega otro partido: acá las cosas se hacen en casa.

La feria volvió a reunir durante cuatro jornadas a artesanos y emprendedores gastronómicos locales en el Parque de la Familia, donde vecinos y visitantes pudieron recorrer puestos, comprar productos y conocer parte de lo que se produce en la ciudad.

Y detrás de cada mesa había algo bastante menos romántico que la palabra “emprendedor”, pero mucho más real: gente tratando de vivir de lo que sabe hacer.

Cuatro días para hacerse ver

La propuesta comenzó el 28 de agosto y se extendió durante cuatro días con una variedad de productos artesanales, creaciones locales y gastronomía.

Según la información difundida por la organización, la convocatoria volvió a ser importante y el público acompañó las distintas jornadas.

Ese acompañamiento tiene una consecuencia bastante concreta.

Para un pequeño productor, una feria no es solamente un paseo de fin de semana con mantel bonito y cartelito escrito a mano. Es un espacio para vender, conseguir clientes, mostrar una marca y lograr que alguien recuerde el producto después de guardar el puesto.

Comprar cerca

Ese quizá sea el costado más interesante de Manos Oranenses.

En tiempos en los que prácticamente cualquier cosa puede comprarse a cientos o miles de kilómetros con tres movimientos del dedo, estas ferias vuelven a poner en circulación algo bastante antiguo: comprarle directamente a quien produce.

Sin demasiada épica.

Un artesano fabrica. Un gastronómico cocina. Alguien compra. El dinero queda dando algunas vueltas más cerca de casa.

Durante cuatro días, el Parque de la Familia funcionó precisamente así.

Y si la convocatoria volvió a repetirse, hay una conclusión bastante menos grandilocuente que declarar un “éxito rotundo”, pero probablemente más valiosa: en Orán todavía hay público para lo hecho en Orán.