El fenómeno climático se fortalece de cara a la temporada 2026-2027 y Salta ya trabaja sobre sus puntos críticos. Valles Calchaquíes, Valle de Lerma, Puna, norte, sur y Chaco salteño enfrentan riesgos diferentes: crecidas repentinas, aludes, desbordes de ríos, cortes de rutas y anegamientos aparecen entre las principales amenazas.

El llamado “Súper Niño” dejó de ser una expresión lejana asociada únicamente a mapas del océano Pacífico. El fenómeno El Niño ya forma parte del escenario climático que Argentina monitorea para la temporada 2026-2027 y Salta comenzó a prepararse ante sus posibles consecuencias.

Las proyecciones conocidas durante septiembre elevaron las posibilidades de que el actual episodio alcance una intensidad excepcional hacia el último tramo de 2026. Sin embargo, trasladar automáticamente ese escenario a Salta y anunciar un verano de diluvios sería apresurado: el impacto de El Niño no es uniforme y la propia Provincia reconoce que los registros históricos no muestran una relación directa entre el fenómeno y las lluvias en todo el territorio salteño.

El problema local tiene otra característica. Por su geografía, las lluvias intensas en las zonas altas pueden transformarse rápidamente en agua que desciende hacia valles y llanuras. Allí aparecen los riesgos de crecientes repentinas, desbordes, aludes, daños sobre zonas productivas y cortes de rutas.

Valles Calchaquíes: ríos, quebradas y poblaciones expuestas

Los Valles Calchaquíes aparecen entre los sectores que requieren especial seguimiento.

En La Poma se advirtió sobre la situación del río Potreros, entre esa localidad y Payogasta, donde los desbordes amenazan tierras destinadas a la producción.

Más al sur, el río Calchaquí concentra buena parte de las preocupaciones. En San Carlos, el dique La Dársena presenta acumulación de sedimentos y se planteó la necesidad de despejar quebradas vinculadas a pequeños productores ubicados sobre la Ruta Nacional 40.

Cachi requiere defensas sobre las márgenes del río Calchaquí, mientras que Molinos presenta una situación particularmente delicada: su casco urbano se encuentra por debajo del nivel del cauce y existen antecedentes de ingresos de agua provocados por las crecidas de los ríos Luracatao y Amaicha.

En esta región, entonces, el riesgo no pasa simplemente por “que llueva mucho”. Una tormenta intensa en las cuencas altas puede modificar rápidamente el comportamiento de ríos y quebradas.

Valle de Lerma: aludes, canales y rutas bajo la lupa

El Valle de Lerma combina concentración urbana, rutas nacionales, ríos y quebradas que descienden desde zonas montañosas.

Entre los puntos identificados aparece La Silleta, donde se reclamó retomar trabajos sobre el arroyo Los Nogales. En la Quebrada del Toro preocupa especialmente la posibilidad de aludes en sectores como El Palomar y su impacto sobre la Ruta Nacional 51.

Rosario de Lerma también tiene sectores sensibles. Allí se requiere mantenimiento del canal Siosa y de los arroyos Chocobar y Sosa, fundamentalmente por la posibilidad de afectar la Ruta Nacional 68.

En el área metropolitana, además, se plantearon trabajos de canalización en los ríos de Vaqueros y controles sobre la extracción de áridos, mientras que el río Arenales continúa siendo otro curso que exige vigilancia por las modificaciones que pueden producirse en su cauce.

La combinación de lluvias concentradas, pendientes pronunciadas, crecimiento urbano y rutas que atraviesan cursos de agua convierte al Valle de Lerma en uno de los lugares donde una tormenta severa puede provocar consecuencias en muy poco tiempo.

La Puna y la alta montaña: menos agua no significa riesgo cero

El escenario de la Puna es diferente al de las tierras bajas. No corresponde proyectar para toda la región un incremento uniforme de las precipitaciones solamente por la presencia de El Niño.

Sin embargo, las lluvias estivales intensas y localizadas pueden generar problemas importantes en quebradas y cursos temporarios. El riesgo aumenta sobre caminos y rutas que atraviesan zonas montañosas, donde una tormenta localizada puede provocar desprendimientos, crecidas súbitas o interrupciones de la conectividad.

En estos sectores, el seguimiento de los pronósticos de corto plazo será mucho más útil que cualquier afirmación general sobre cómo se comportará toda la temporada.

Norte salteño: la mirada puesta en Bermejo y sus afluentes

En el norte provincial, el agua que baja desde las serranías termina concentrándose en grandes sistemas fluviales.

Uno de los puntos que ya generó advertencias es Urundel, donde se detectaron desbordes aguas arriba y cárcavas activas próximas a sectores habitados.

Los departamentos del norte también forman parte de la cuenca del Bermejo, por lo que el comportamiento de los ríos durante el período estival será uno de los factores centrales a seguir.

Aquí vuelve a aparecer una característica salteña: puede no ser necesaria una lluvia persistente durante varios días sobre una ciudad para generar una emergencia. Las precipitaciones aguas arriba pueden incrementar rápidamente los caudales y trasladar el problema hacia zonas ubicadas varios kilómetros más abajo.

Chaco salteño: donde termina llegando el agua

Si en las montañas preocupa la velocidad con la que comienza a bajar el agua, en las tierras bajas preocupa dónde termina.

El Chaco salteño recibe buena parte del escurrimiento proveniente de las zonas altas y allí las grandes cuencas del Pilcomayo y Bermejo adquieren un papel decisivo.

Las comunidades próximas a los cursos de agua presentan históricamente una mayor exposición frente a crecidas, desbordes, aislamiento y dificultades de conectividad durante la temporada húmeda.

Por esa razón, el seguimiento de los niveles de los ríos y de las lluvias registradas incluso fuera del territorio provincial será fundamental: el comportamiento de una gran cuenca no reconoce los límites dibujados en un mapa político.

Sur y sudeste: el Juramento vuelve a estar en el centro

En el sur y sudeste provincial, la atención se concentra especialmente sobre la cuenca del Juramento.

Anta recibe aguas que descienden por este sistema aguas abajo del dique El Tunal. Entre los sectores señalados aparecen El Quebrachal y El Galpón, donde existen antecedentes y riesgo de anegamientos.

También fueron identificados como puntos sensibles los ríos Dorado y Del Valle, debido a la posibilidad de que las crecidas comprometan sectores de la Ruta Nacional 16.

Hacia el sur provincial, el comportamiento de los cursos vinculados a la cuenca del Juramento y el manejo de los embalses serán variables importantes durante el período de mayores precipitaciones.

Güemes y el este metropolitano: atención sobre el Mojotoro

Otra zona crítica aparece sobre el río Mojotoro. En el paraje Sauzalito se registraron modificaciones en sus brazos y durante la temporada anterior el agua llegó a anegar la calzada de la Ruta Nacional 34.

El problema muestra con claridad por qué el mantenimiento de los cauces adquiere relevancia antes de comenzar el período fuerte de lluvias: sedimentos, extracción de áridos, vegetación o modificaciones del terreno pueden alterar el recorrido del agua cuando aumenta el caudal.

¿Qué está haciendo Salta antes del verano?

La Provincia puso en marcha un esquema preventivo que divide las responsabilidades.

Los municipios trabajan, mediante convenios con la Secretaría del Interior, en la limpieza y desmalezado de canales pluviales urbanos. Recursos Hídricos, en cambio, concentra maquinaria y trabajos de mayor escala sobre ríos y arroyos, con tareas de encauzamiento, defensas de márgenes y despeje de cauces.

El monitoreo incluye las tres grandes cuencas que atraviesan Salta: Pilcomayo, Bermejo y Juramento. También existe coordinación con los organismos que regulan los embalses Cabra Corral y El Tunal y seguimiento conjunto con organismos nacionales.

Salta cuenta además con un Comité de Emergencia Climática y las autoridades provinciales vienen coordinando acciones con municipios y organismos nacionales ante la temporada 2026-2027.

Un Súper Niño, muchas Saltas

Hablar del “Súper Niño en Salta” como si sus consecuencias fueran idénticas desde Santa Victoria Oeste hasta Rivadavia o desde Cachi hasta Tartagal sería simplificar una provincia cuya geografía justamente se caracteriza por sus extremos.

En los Valles Calchaquíes preocupan los ríos y quebradas. En el Valle de Lerma se suman aludes, canales y rutas. En la alta montaña, las tormentas localizadas pueden cortar caminos. En el norte y el Chaco salteño, el comportamiento de las grandes cuencas será determinante. En el sur y sudeste, el Juramento vuelve a ocupar el centro de la escena.

El verdadero desafío del próximo verano no será únicamente cuánto llueva, sino dónde caiga esa lluvia, con qué intensidad, cuánto tiempo tarde en concentrarse y qué encuentre el agua en su camino.

Y ahí el pronóstico deja de ser solamente una cuestión meteorológica: también pasa a ser un examen para la infraestructura y la capacidad de prevención de cada región de Salta.