La bióloga, docente y escritora salteña presentó en DATASA “En primera persona”, un libro que cruza recuerdos, autoficción, experiencias dolorosas y escenas cotidianas. Una obra que, según explicó, no pretende entregar respuestas sino dejar preguntas abiertas en quien la lea.

 

Hay personas que escriben porque quieren contar una historia. Adriana Lacci empezó a escribir para entender la propia.

Bióloga, docente y ahora autora publicada, Lacci visitó DATASA para presentar “En primera persona”, un libro construido a partir de relatos que oscilan entre lo testimonial y la autoficción y que recuperan episodios cotidianos, recuerdos de infancia, vínculos y experiencias mucho más ásperas.

La escritura la acompaña desde los cuatro años, cuando su hermana le enseñó a escribir. Desde entonces, contó, convertir lo que le sucedía en palabras terminó siendo una forma de ordenar aquello que muchas veces no podía comprender.

“Cuando yo no sé lo que siento, me pongo a escribir y después lo leo y lo entiendo”, explicó.

Durante décadas, sin embargo, buena parte de esos textos permanecieron en privado. Algunos incluso terminaron quemados al finalizar el año, en una suerte de ritual personal. Publicar parecía pertenecer a otro territorio. Hasta que dejó de parecer imposible.

Del cuaderno privado al libro publicado

El punto de inflexión llegó cuando Lacci comenzó a participar en talleres literarios y luego atravesó una experiencia editorial vinculada a Hernán Casciari, donde pudo conocer desde adentro el proceso completo de construcción de un libro.

Participó primero de una experiencia colectiva de publicación y, cuando finalmente tuvo un ejemplar entre sus manos con su nombre impreso, apareció una certeza: quería seguir escribiendo, pero también quería publicar.

Así empezó el camino hacia “En primera persona”.

La autora seleccionó textos que había producido durante aproximadamente una década y los reorganizó para construir una obra con identidad propia. Originalmente había pensado en titularla “Trilogías en primera persona”, pero las necesidades editoriales terminaron dejando el nombre definitivo.

Todos los relatos comparten una característica: están narrados desde ese “yo” que observa, recuerda, interpreta y, a veces, se contradice.

Entre la memoria y la autoficción

“En primera persona” no funciona como una autobiografía tradicional.

Hay experiencias reales, elementos personales y episodios atravesados por la autora, pero también aparece la ficción como herramienta narrativa.

Para Lacci, justamente allí está parte del juego literario: tomar una verdad, transformarla, combinarla con elementos inventados y conseguir que el lector ya no pueda determinar con absoluta certeza dónde termina una cosa y comienza la otra.

Algunas historias nacen de experiencias aparentemente pequeñas. Una muñeca, por ejemplo, dio origen a “Sandy”, uno de los relatos del libro.

Un video relacionado con esa historia alcanzó unas 100 mil reproducciones en TikTok en apenas dos días, pese a que la autora recién comenzaba en esa plataforma. Para Lacci, la explicación estuvo en algo bastante más interesante que el algoritmo: muchas personas reconocieron su propia historia dentro de la suya.

Un libro que también incomoda

No todo transita por la nostalgia.

Lacci reconoció que algunos capítulos fueron particularmente difíciles de incorporar porque abordan experiencias de violencia obstétrica vividas en primera persona.

Durante la preparación del libro, incluso dudó varias veces sobre mantener esos textos.

Finalmente decidió hacerlo.

La autora explicó que retirarlos implicaba, de alguna manera, volver a silenciar a aquella mujer que había atravesado esas experiencias dos décadas atrás.

El resultado es una obra que no busca suavizar necesariamente aquello que cuenta.

Hay relatos tiernos, otros dolorosos y también escenas incómodas vinculadas con decisiones familiares, mentiras dichas para proteger a alguien y pequeñas contradicciones humanas que rara vez tienen un desenlace perfectamente ordenado.

Porque, como planteó durante la entrevista, la vida tampoco suele venir acompañada de una moraleja.

“Quiero que el lector se lleve preguntas”

Quizás ahí esté el corazón del libro.

Lacci no pretende decirle al lector qué debe pensar después de cerrar la última página.

Prefiere algo bastante más inquietante.

“Me gustaría que se lleve las preguntas, no las respuestas”, afirmó.

Para la escritora, cuando una historia obliga a alguien a preguntarse algo sobre su propia experiencia, ya consiguió abrir una mirada que antes no existía.

Y esa idea también atraviesa su defensa de la lectura en tiempos dominados por videos breves, algoritmos y la obsesión por capturar atención durante tres segundos.

Leer cuando todo invita a hacer scroll

Lacci reconoce que publicar un libro en plena cultura del scroll parece casi una decisión contracorriente.

Pero justamente por eso reivindica el acto de leer.

A diferencia de una imagen completamente construida por una pantalla, sostuvo, la literatura obliga al lector a completar escenarios, rostros, emociones y sentidos. Dos personas pueden leer exactamente la misma página y producir imágenes completamente diferentes.

Incluso una misma persona puede volver a un libro años después y descubrir otra historia.

Por eso su planteo es simple: las pantallas tienen su utilidad, pero no deberían desplazar la experiencia de leer.

“En primera persona” tendrá presentación en Buenos Aires

La presentación oficial de la colección de la que forma parte “En primera persona” se realizará en Buenos Aires, donde Lacci viajará para participar del encuentro junto al resto de los autores.

La escritora también busca generar una presentación en Salta y se postuló para participar de la próxima Feria del Libro de Salta, prevista para octubre.

Mientras tanto, el ejemplar puede adquirirse de manera online.

Y aunque este sea su primer libro individual publicado, la historia parece lejos de terminar: durante la entrevista adelantó que ya existe otro proyecto que “está empujando por salir”.

Conviene darle un poco de aire al primero. Los libros también merecen sus cinco minutos antes de que aparezca el hermano menor a reclamar atención.