Matezuli nació de una necesidad concreta: generar ingresos. Soledad Jalil y su familia transformaron una idea postergada en un emprendimiento que hoy tiene punto fijo, participa de ferias y hasta sumó su propio food truck.
Un sueño que dejó de esperar
A veces emprender empieza con una gran idea. Otras, bastante más terrenales, con la necesidad de que entren más pesos a casa.
Ese fue el punto de partida de Matezuli, el emprendimiento familiar que Soledad Jalil presentó en Emprendete. La propuesta comenzó a tomar forma cuando la familia necesitó generar nuevos ingresos y decidió desempolvar un proyecto que llevaba tiempo esperando.
“Era un sueño que estaba dormido”, contó Jalil.
La diferencia es que esta vez el sueño tuvo que levantarse y ponerse a laburar.
Soledad encaró el proyecto junto a su esposo y sus hijos. Lo que comenzó con mates artesanales fue creciendo hasta incorporar dulces, frutos en almíbar y productos gastronómicos propios como budines, panqueques y cubanitos.
Los clientes también armaron el menú
Parte del crecimiento tuvo una característica interesante: no todo estaba previsto desde el comienzo.
Los propios clientes fueron marcando el camino.
Quienes compraban mates comenzaron a pedir algo para acompañarlos. Aparecieron entonces los budines. Después llegaron otros productos dulces y nuevas alternativas.
Es una lógica bastante conocida por cualquier pequeño emprendedor: se puede tener un plan, pero después aparece el cliente y explica amablemente que tenía otros planes.
Actualmente Matezuli tiene una ubicación fija en barrio El Bosque, en la zona sur de Salta, y durante los fines de semana se mueve por diferentes ferias.
Del puesto al food truck
En apenas unos meses, la familia también consiguió dar otro paso: tener su propio food truck.
No llegó por generación espontánea. Jalil habló de fines de semana trabajando, horas dedicadas al proyecto y una dinámica en la que participa toda la familia.
Pero el crecimiento de Matezuli tiene además una particularidad: parte de su oferta proviene de otros productores y artesanos salteños.
En sus espacios comercializan productos de emprendimientos locales, entre ellos Dulce de Leche Campo Quijano y Hebra Dorada, además de trabajos artesanales realizados en Salta.
La idea, explicó Jalil, es que el crecimiento no sea exclusivamente individual.
Porque detrás del discurso romántico de “animarse a emprender” existe una versión bastante menos fotogénica: inversión, riesgo, sábados trabajando y muchas horas sin garantía de que algo se venda.
Y quizás por eso, cuando funciona, vale la pena contarlo.



