Aguas del Norte llevó a Medellín una experiencia bastante particular: administrar el mismo servicio en 92 localidades que poco tienen que ver entre sí. En una mesa de la CAF sobre seguridad hídrica, Juan Bazán puso sobre la discusión regional una idea sencilla pero incómoda: producir más agua ya no alcanza.

Durante décadas, la respuesta frente a los problemas de agua parecía bastante lineal: si falta, hay que producir más; si la ciudad crece, extender las redes; si la infraestructura queda chica, construir otra.

El asunto es que el agua decidió complicarnos la ecuación. O, siendo justos con el agua, las ciudades, el clima, el consumo y nuestra histórica habilidad para administrar recursos como si fueran infinitos hicieron el resto.

Ese fue parte del debate que esta semana llevó a Aguas del Norte hasta Medellín, donde su gerente general, Juan Bazán, participó de la Medellín Climate Week 2026 en una mesa organizada por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).

Y Salta tenía algo interesante para poner sobre esa mesa.

Un laboratorio de 92 localidades

Aguas del Norte tiene una concesión difícil de meter dentro de un PowerPoint prolijo.

La empresa presta el servicio en 92 localidades salteñas. Eso significa gestionar agua en territorios con diferencias geográficas, climáticas y sociales enormes. Lo que funciona en una ciudad puede resultar inútil algunos cientos de kilómetros más allá.

Ese fue precisamente uno de los puntos que Bazán llevó al panel Water Secure Cities, dedicado a discutir cómo pueden prepararse las ciudades latinoamericanas frente a las crisis hídricas de los próximos años.

“No existe una única solución para todos”, planteó.

La frase parece elemental hasta que se piensa lo que implica: dejar de mirar el mapa como una red de caños y empezar a entenderlo como territorios con fuentes, consumos, pérdidas y necesidades diferentes.

Ya no alcanza con producir más

Ahí aparece quizás lo más interesante de la participación salteña.

Bazán reconoció que durante años las empresas de agua concentraron buena parte de sus esfuerzos en aumentar la producción, extender redes y construir infraestructura. Todo eso continúa siendo necesario, pero la discusión actual agregó preguntas bastante menos visibles.

¿Cuánta agua se produce realmente? ¿Cuánta llega? ¿Dónde se consume? ¿Cuánta se pierde en el camino? ¿Cuánta energía cuesta moverla? ¿Y qué estamos haciendo con las fuentes de las que dependerá el servicio mañana?

Es un cambio de enfoque importante porque desplaza la discusión desde la obra aislada hacia la gestión integral del agua.

Y también explica por qué la experiencia de una empresa provincial terminó formando parte de una conversación regional organizada por la CAF.

Salta sentada en una discusión que recién empieza

El encuentro reunió en Colombia a especialistas y referentes de distintos países de América Latina y el Caribe para discutir seguridad hídrica, resiliencia urbana y sostenibilidad.

Aguas del Norte llevó una experiencia construida sobre una dificultad muy salteña: hacer convivir dentro de un mismo sistema realidades completamente diferentes.

Bazán resumió esa mirada sosteniendo que una ciudad resiliente necesita infraestructura, pero también conocimiento del sistema, capacidad de gestión y comprensión del territorio.

Después aparece el lema corporativo, “Transformamos Comunidades”, que inevitablemente suena mejor en una carpeta institucional que cuando a uno le falta agua en la canilla. Pero detrás de la consigna hay una discusión bastante más seria.

Si las crisis hídricas van a ocupar cada vez más espacio en la agenda de las ciudades latinoamericanas, saber producir agua será apenas una parte del trabajo. Saber dónde está, cuánto se pierde y cómo garantizarla en territorios profundamente distintos puede terminar siendo la diferencia.

Y en esa conversación, esta vez, Salta tuvo algo para contar.