La arquitecta Natalia Mahr habló en Conversaciones no secretas sobre cómo incorporó la inteligencia artificial a su trabajo cotidiano. Aseguró que la tecnología puede acelerar procesos, pero defendió el criterio, la experiencia y la responsabilidad profesional como terrenos que siguen siendo humanos.
La arquitecta Natalia Mahr habló en Conversaciones no secretas sobre cómo incorporó la inteligencia artificial a su trabajo cotidiano. Aseguró que la tecnología puede acelerar procesos, pero defendió el criterio, la experiencia y la responsabilidad profesional como terrenos que siguen siendo humanos.
Natalia Mahr lleva 23 años ejerciendo como arquitecta. En ese tiempo vio cambiar herramientas, procesos y formas de trabajar. Ahora, frente a la irrupción de la inteligencia artificial, eligió una posición bastante alejada tanto del rechazo como de la fascinación automática: aprender a utilizarla.
Durante su participación en Conversaciones no secretas, conducido por Ginés, contó que trabaja habitualmente con herramientas como ChatGPT y Gemini y que incluso realizó un curso de inteligencia artificial en el Colegio de Arquitectos.
La experiencia terminó modificando parte de su dinámica profesional.
“Creo que fue de las mejores cosas que hice en cuanto a mi carrera”, sostuvo.
IA para trabajar menos horas, no simplemente para producir más
La motivación de Mahr para incorporar estas herramientas tiene una particularidad. Su objetivo no es únicamente aumentar la productividad.
Quiere recuperar tiempo.
“Si yo quiero tener más tiempo de calidad con mis hijos, esto me tiene que servir para acelerar mi trabajo”, explicó.
En el estudio utiliza inteligencia artificial para tareas que anteriormente demandaban varias horas: memorias descriptivas, notas destinadas a organismos, organización de presupuestos, procesamiento de información y elaboración de planillas.
También comenzó a incorporarla en instancias creativas.
Según explicó, puede utilizar imágenes y generar una suerte de brainstorming inicial que permita explorar alternativas antes de comenzar un proyecto desde cero.
Pero ahí establece una frontera.
“Siempre el criterio del arquitecto sigue estando presente”, afirmó.
Lo que una máquina todavía no puede hacer
Para Mahr, la arquitectura no consiste solamente en producir planos, imágenes o cálculos.
Una parte fundamental del trabajo ocurre en la relación con las personas: entender qué necesita una familia que construirá su casa, interpretar las demandas de un cliente y trasladar esas necesidades a un proyecto concreto.
También está la obra.
“La IA no va a ir a interactuar con el albañil a darle instrucciones y, si el albañil se equivoca, explicarle ‘esto no se hace así’ o ‘hay que cambiar esto’”, ejemplificó.
Ese conocimiento, sostuvo, se construye durante años de experiencia profesional.
Por eso, cuando en Conversaciones no secretas apareció inevitablemente la pregunta que atraviesa a numerosas profesiones, si la inteligencia artificial terminará reemplazando trabajadores, Mahr hizo una distinción.
“No creo que los arquitectos nos vayamos a quedar sin trabajo”, aseguró.
Inmediatamente agregó una frase bastante menos tranquilizadora:
“El arquitecto que no use la IA sí se va a quedar sin trabajo. Ese es mi punto de vista.”
Aprender a utilizarla sin entregar el criterio
Mahr considera que los profesionales deberán aprender a incorporar estas herramientas precisamente para potenciar aquello que saben hacer.
La inteligencia artificial puede calcular, ordenar información, proponer alternativas y acelerar determinadas etapas. Pero para aprovechar esas capacidades, advirtió, sigue siendo necesario contar con conocimientos profesionales previos.
La discusión, entonces, deja de ser simplemente inteligencia artificial contra seres humanos.
“Los seres humanos tienen algo que la IA no tiene”, sostuvo.
Para la arquitecta, el desafío de las nuevas generaciones será aprender a utilizar la tecnología sin abandonar aquello que constituye su formación profesional.
Y existe todavía otra diferencia decisiva: la responsabilidad.
“El arquitecto siempre firma y se hace cargo de las cosas. La IA no se hace cargo de nada”, resumió.
En una profesión acostumbrada a proyectar antes de construir, Mahr plantea así una convivencia entre dos capacidades: la velocidad de las nuevas herramientas y el criterio de quien finalmente deberá decidir qué hacer con ellas.


