El historiador Sergio Boico pasó por Mesa Chica y propuso una mirada distinta sobre Martín Miguel de Güemes, Manuel Belgrano y las fechas patrias. Cuestionó la historia “edulcorada” que se enseña en la escuela y reivindicó el rol popular, político y social de los próceres.
Una historia menos romántica y más profunda
En la previa de una nueva conmemoración por Martín Miguel de Güemes y a pocos días del Día de la Bandera, el historiador Sergio Boico visitó Mesa Chica para hablar sobre historia argentina, independencia y memoria nacional.
Boico propuso mirar a los próceres desde otro lugar. Según explicó, muchas veces la historia escolar llega “romantizada” o “edulcorada”. Por eso, pidió buscar distintas miradas y no quedarse con una sola versión.
“El 25 de Mayo del paragüita no existió”, señaló como ejemplo. Para el historiador, la historia real fue mucho más dura, compleja y atravesada por intereses políticos, económicos y sociales.
Güemes, el caudillo del pueblo
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la figura de Martín Miguel de Güemes. Boico remarcó que murió muy joven, a los 33 años, luego de enfrentar una guerra larga y brutal en el norte argentino.
Para el historiador, el gran legado de Güemes no fue solo militar. También fue social.
Sostuvo que Güemes defendió a los gauchos, protegió a los sectores humildes y tomó medidas que incomodaron a la oligarquía salteña de la época.
“Güemes estaba con el pueblo”, afirmó Boico.
También recordó que fue el primer gobernador salteño elegido por el pueblo, en un tiempo en el que muchas autoridades eran impuestas desde Buenos Aires.
La guerra gaucha y una estrategia militar única
Boico también destacó el valor militar de Güemes. Explicó que su forma de combatir no respondía al esquema tradicional de los ejércitos europeos.
Güemes usó la guerra de guerrillas, el conocimiento del territorio y la movilidad de sus gauchos. Atacaba retaguardias, cortaba suministros y obligaba a los realistas a retirarse.
Según Boico, esa estrategia fue tan importante que incluso se estudió en academias militares de otros países.
También recordó una de las anécdotas más llamativas: durante las invasiones inglesas, Güemes participó del abordaje de una embarcación encallada. Es decir, atacó un barco desde tierra y a caballo. La historia argentina, cuando quiere, también sabe ponerse cinematográfica.
Belgrano, mucho más que más que la bandera
La charla también abordó la figura de Manuel Belgrano. Boico remarcó que se lo recuerda casi siempre por la creación de la bandera, pero que su pensamiento fue mucho más amplio.
Lo definió como un economista extraordinario y un hombre con ideas avanzadas para su tiempo.
También habló de su vínculo con Güemes. Según explicó, la relación tuvo momentos tensos, pero luego ambos terminaron reconociéndose en la causa independentista.
Boico recordó además que Belgrano murió enfermo, pobre y sin cobrar gran parte de lo que el Estado le debía. Ese dinero, según indicó, fue destinado por el propio Belgrano a la construcción de escuelas.
La bandera original y la identidad nacional
Otro momento destacado fue la explicación sobre la bandera argentina. Boico señaló que, según distintas interpretaciones históricas, la bandera original habría sido azul y blanca, no celeste y blanca como se la conoce hoy.
También mencionó otras banderas vinculadas al federalismo, como la de la Liga de los Pueblos Libres de Artigas.
Para el historiador, los símbolos patrios importan, pero no deben quedarse en lo superficial. La bandera y el himno tienen valor cuando se llevan con compromiso real.
El legado para las nuevas generaciones
Sobre el final, Boico resumió el legado de Güemes y Belgrano desde una mirada colectiva.
Para él, la enseñanza principal es pensar en la comunidad, en la solidaridad y en la construcción común.
“Güemes era lo colectivo”, expresó.
La entrevista dejó una invitación clara: revisar la historia, incomodarse un poco y mirar a los próceres no como estampitas quietas, sino como actores políticos de carne, hueso y conflicto. Porque la patria, aunque la pinten con bronce, también se hizo con barro, sangre, discusiones y decisiones incómodas.


