Vecinos, fortines gauchos, familias y jóvenes participaron de la tradicional vigilia en honor al General Martín Miguel de Güemes. En una noche marcada por la emoción y la identidad salteña, la comunidad mantuvo viva una de las ceremonias más sentidas de la provincia.
Mientras gran parte del país seguía el partido de la Selección Argentina, en La Silleta y Campo Quijano muchos vecinos eligieron reunirse bajo otro sentimiento: el homenaje al General Martín Miguel de Güemes.
Desde las 22 horas, familias, fortines gauchos, jinetes, veteranos y jóvenes participaron de la tradicional Guardia Bajo las Estrellas. La ceremonia recordó las últimas horas de vida del héroe gaucho y renovó el compromiso con la memoria salteña.
Una vigilia cargada de emoción
La noche estuvo marcada por el respeto, el frío y el profundo sentido de pertenencia. A medida que avanzaban las horas, los presentes compartieron historias, reflexiones y recuerdos sobre las gestas güemesianas.
El encuentro volvió a demostrar que la figura de Güemes sigue presente en la identidad de Salta. Su legado no quedó detenido en los libros de historia. Sigue vivo en cada fortín, en cada guardia y en cada vecino que decide honrar la memoria de la patria.
La tradición como acto de compromiso
Muchos de los participantes destacaron el valor de sostener esta tradición. Mientras la pasión futbolera convocaba frente a las pantallas, en La Silleta y Campo Quijano hubo quienes eligieron estar presentes en una ceremonia profundamente salteña.
La Guardia Bajo las Estrellas se convirtió, una vez más, en un espacio de encuentro para quienes sienten la historia como parte de su vida cotidiana. Hombres, mujeres y jóvenes reafirmaron su amor por la tierra, la cultura y la identidad nacional.
El silencio de la medianoche
Cuando llegó la medianoche y se recordó el paso a la inmortalidad de Güemes, el silencio se apoderó de los presentes. Fue uno de los momentos más emotivos de la vigilia.
A más de dos siglos de su sacrificio, Martín Miguel de Güemes continúa uniendo generaciones. Su nombre sigue despertando orgullo, respeto y una emoción difícil de explicar para quienes sienten la historia salteña como propia.
La Silleta y Campo Quijano demostraron, una vez más, que las tradiciones siguen vivas. La patria también se honra con memoria, presencia y respeto.


