La Universidad Católica de Salta impulsa un programa de descarbonización que incluye la ampliación de su parque solar, sistemas de almacenamiento de energía y mejoras en eficiencia energética. El proyecto cuenta con apoyo técnico internacional.

 

La Universidad Católica de Salta dio un nuevo paso en su estrategia de sustentabilidad con el lanzamiento de un plan integral de descarbonización orientado a alcanzar la carbono neutralidad de su campus. La iniciativa contempla la ampliación de la generación de energía solar, la incorporación de sistemas de almacenamiento y la modernización de equipamientos para reducir el consumo energético.

El anuncio fue detallado por Adrián González Prisco, jefe de la Licenciatura en Gestión Eficiente de la Energía y director del Instituto de Sustentabilidad Energética de la UCASAL, quien destacó que la universidad trabaja desde hace varios años en programas vinculados al desarrollo sostenible y la transición energética.

Un camino iniciado hace más de cinco años

Según explicó González Prisco, la institución desarrolla desde hace tiempo el programa «UCASAL Sustentable», una iniciativa que reúne distintos proyectos destinados a mejorar el desempeño ambiental de la universidad.

En ese marco, recordó que en 2019 se instaló el primer estacionamiento solar del país, equipado con alrededor de 700 paneles fotovoltaicos. Actualmente, esa infraestructura permite cubrir aproximadamente el 30% del consumo energético del campus universitario.

Ahora, la universidad busca avanzar hacia una nueva etapa con el objetivo de equilibrar sus emisiones de carbono mediante una combinación de generación renovable, eficiencia energética y nuevas tecnologías de almacenamiento.

El desafío de alcanzar emisiones netas cero

La propuesta apunta a reducir progresivamente la huella de carbono institucional hasta alcanzar un balance neutro entre las emisiones generadas y las compensadas o evitadas.

Para lograrlo, la universidad proyecta ampliar su parque solar fotovoltaico e incorporar sistemas inteligentes de acumulación de energía mediante baterías. Además, se prevé renovar equipos de climatización y fortalecer los sistemas de gestión energética.

González Prisco señaló que la climatización representa entre el 40% y el 50% del consumo energético de los edificios, por lo que mejorar la eficiencia de estos equipos puede generar importantes reducciones en el uso de energía sin afectar el confort de estudiantes y trabajadores.

Cooperación internacional y financiamiento verde

Uno de los aspectos destacados del proyecto es el acompañamiento de la cooperación alemana a través de la organización GIZ, dependiente del gobierno federal de Alemania.

La participación de este organismo aporta asistencia técnica especializada y abre la posibilidad de acceder a fuentes de financiamiento internacional destinadas a proyectos de transición energética y mitigación del cambio climático.

El especialista remarcó que el financiamiento verde continúa siendo uno de los principales desafíos para Argentina, especialmente en comparación con países como Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica, donde este tipo de herramientas presenta un mayor desarrollo.

Eficiencia energética: la otra mitad de la transición

Durante la entrevista, González Prisco subrayó que la eficiencia energética suele recibir menos atención pública que las energías renovables, aunque representa una parte fundamental de la transición energética global.

Explicó que a nivel mundial las inversiones destinadas a eficiencia energética tienen una importancia similar a las realizadas en generación renovable, ya que permiten reducir el consumo sin resignar servicios ni calidad de vida.

«Se trata de brindar el mismo servicio utilizando menos recursos energéticos», explicó el especialista, quien consideró que este enfoque mejora simultáneamente la competitividad económica y el desempeño ambiental.

Arquitectura y consumo energético

Otro de los ejes abordados fue la relación entre arquitectura y eficiencia energética. González Prisco sostuvo que muchas viviendas y edificios podrían reducir significativamente su consumo energético mediante mejoras relativamente simples en aislación térmica, orientación, ventilación y calidad de las aberturas.

Según indicó, las construcciones representan entre el 30% y el 40% del consumo energético total, por lo que las estrategias de diseño bioclimático pueden generar beneficios tanto económicos como ambientales.

En ese sentido, destacó que la eficiencia energética no solo contribuye a disminuir emisiones, sino también a reducir costos para las familias y mejorar el confort dentro de los hogares.

Energía, competitividad y desarrollo

Para González Prisco, la eficiencia energética permite superar la falsa dicotomía entre desarrollo económico y cuidado ambiental.

El especialista consideró que consumir menos energía para producir los mismos bienes o servicios mejora la competitividad de empresas y organizaciones, al tiempo que reduce el impacto ambiental y la necesidad de mayores subsidios energéticos.

Desde esa perspectiva, sostuvo que la transición energética no debe entenderse únicamente como una política ambiental, sino también como una estrategia de desarrollo económico y modernización productiva.