El terapeuta utilizó la derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial como punto de partida para analizar cómo las personas enfrentan el rechazo, manejan las expectativas y naturalizan distintas formas de violencia en sus relaciones cotidianas.

La derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial dejó tristeza, frustración y desilusión en buena parte del país. Sin embargo, para el terapeuta Rodra Blanco, ese golpe deportivo también abrió la puerta a una reflexión mucho más profunda sobre la manera en que las personas gestionan sus emociones.

Durante su participación en Margaritas a los Chanchos, propuso trasladar lo ocurrido dentro de la cancha al terreno de la vida cotidiana y, especialmente, de la sexualidad.

La frustración también se aprende

Para Rodra, perder una final permite pensar cómo cada persona enfrenta aquello que no puede controlar.

Según explicó, el problema no siempre está en la derrota, sino en las expectativas que cada uno construye antes de que ocurra un hecho.

«Cuando inflamos demasiado las expectativas, cualquier resultado distinto termina explotándonos en la cara», sostuvo.

A partir de esa idea, comparó la decepción deportiva con situaciones cotidianas en las relaciones afectivas y sexuales.

Aprender a recibir un «no»

Uno de los conceptos centrales de la entrevista fue el consentimiento.

El terapeuta planteó que muchas personas viven un rechazo afectivo o sexual como una derrota personal, cuando en realidad se trata simplemente del derecho que tiene la otra persona a decidir.

Para Rodra, aceptar un «no» sin convertirlo en enojo, reproche o violencia constituye uno de los grandes aprendizajes emocionales.

«La otra persona no está haciendo algo contra vos por decirte que no», explicó.

Las expectativas también dañan

El especialista sostuvo que muchas frustraciones nacen de escenarios construidos únicamente en la propia cabeza.

Esperar que una pareja actúe exactamente como uno imagina o que una relación responda a determinadas expectativas suele generar decepciones que, en realidad, no fueron provocadas por el otro.

«Muchas veces sufrimos por expectativas que construimos nosotros mismos», reflexionó.

La violencia no siempre empieza con un golpe

Otro de los ejes de su análisis estuvo vinculado a las distintas formas de violencia.

Tomando como ejemplo el recordado partido entre Argentina y Países Bajos en el Mundial de Qatar, señaló que las agresiones suelen comenzar mucho antes de una pelea física.

Las provocaciones, las humillaciones, los insultos o las burlas también forman parte de una escalada que muchas veces termina naturalizándose.

«Cuando normalizamos esas conductas, dejamos de preguntarnos si realmente nos hacen bien», afirmó.

El contexto influye, pero no decide por nosotros

Rodra también hizo referencia al impacto que tienen los acontecimientos colectivos sobre la salud emocional.

La derrota deportiva, la situación económica, el clima o los conflictos sociales pueden modificar el estado de ánimo, pero sostuvo que cada persona conserva un margen de decisión sobre cómo responder frente a esas circunstancias.

«No podemos cambiar todo lo que pasa afuera, pero sí podemos trabajar en cómo lo gestionamos», expresó.

Hablar también es una herramienta

Como cierre, el terapeuta invitó a generar espacios de conversación y acompañamiento emocional.

Recordó que cada vez más deportistas de alto rendimiento recurren a procesos terapéuticos para fortalecer su salud mental y planteó que cualquier persona puede beneficiarse de ese trabajo personal.

«La pregunta siempre es la misma: ¿qué puedo cambiar yo? Desde ahí empieza todo», concluyó.