El economista Rolando Carrizo analizó  los incentivos que impulsa el Gobierno nacional para atraer capitales y advirtió que buena parte de los proyectos todavía se encuentra en etapa de anuncios o compromisos. Para el especialista, la estabilidad económica y política será determinante para transformar esas expectativas en inversiones reales.

Argentina busca atraer inversiones para impulsar una nueva etapa de crecimiento económico. El Gobierno nacional puso en marcha distintos mecanismos de incentivo, pero entre los anuncios millonarios y la llegada efectiva del dinero todavía existe un camino por recorrer.

Así lo explicó el economista Rolando Carrizo, quien presentó un informe sobre los regímenes de promoción de inversiones y sus perspectivas durante una entrevista en Margaritas a los Chanchos, por DATASA.

El especialista sostuvo que el país atraviesa una etapa en la que comienzan a aparecer compromisos empresariales de gran magnitud, aunque aclaró que no todos representan inversiones ejecutadas.

RIGI, RIMI y una nueva etapa económica

Carrizo repasó los instrumentos destinados a promover la inversión privada, comenzando por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), incorporado a la Ley Bases de 2024.

También mencionó el RIMI, orientado a inversiones de menor escala, y una propuesta conocida como Super RIGI, destinada a proyectos de dimensiones todavía mayores.

Sobre este último mecanismo, señaló que, al momento de la entrevista, aún no contaba con aprobación legislativa definitiva.

Para el economista, estos instrumentos forman parte de una estrategia que busca pasar de la estabilización macroeconómica a una etapa de expansión de las inversiones productivas.

Sin embargo, advirtió que el proceso no será inmediato.

Los anuncios no son inversiones realizadas

Uno de los puntos centrales del análisis fue la necesidad de distinguir entre proyectos anunciados, compromisos empresariales y desembolsos efectivamente realizados.

Carrizo mencionó las actividades internacionales de promoción de inversiones, entre ellas un encuentro realizado en París con participación de gobernadores argentinos, incluido el de Salta, Gustavo Sáenz.

También se refirió a un proyecto energético de YPF junto con socios internacionales, cuya inversión potencial ubicó en unos 51.000 millones de dólares.

El economista destacó la magnitud de esas iniciativas, pero subrayó que su concreción requiere tiempo, condiciones económicas favorables y decisiones empresariales que todavía deben materializarse.

Por eso, aunque consideró positivos los anuncios, evitó equipararlos con resultados ya alcanzados.

La estabilidad también depende de la política

Para Carrizo, la estabilidad económica constituye una condición necesaria para atraer inversiones de largo plazo, pero no es suficiente por sí sola.

El especialista sostuvo que los inversores también evalúan la continuidad de las reglas de juego y las perspectivas políticas del país.

En ese sentido, explicó que los cambios frecuentes de orientación económica pueden desalentar proyectos que necesitan varios años para recuperar el capital invertido.

También diferenció las inversiones productivas de las operaciones financieras especulativas.

Estas últimas, explicó, pueden aprovechar diferencias entre tasas de interés y cotización del dólar para obtener ganancias sin necesariamente generar nueva capacidad productiva.

Las inversiones vinculadas con energía, minería e infraestructura, en cambio, requieren instalaciones, equipamiento y horizontes de recuperación mucho más prolongados.

La oportunidad todavía está por demostrarse

Carrizo evaluó favorablemente el rumbo de promoción de inversiones y consideró que Argentina podría estar frente a una oportunidad importante.

No obstante, reconoció que el programa de estabilización todavía tiene desafíos pendientes y que el crecimiento de las inversiones dependerá de su evolución.

La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto dinero anuncian las empresas, sino por cuánto se termina invirtiendo, en qué sectores y con qué resultados.

Porque entre una cifra millonaria presentada en una conferencia y una inversión que comienza a producir hay una diferencia fundamental: la primera genera expectativas; la segunda puede generar actividad económica y empleo.