El presidente de Prograno planteó que la provincia podría alcanzar un rodeo cercano a cuatro millones de cabezas. Vinculó la expansión con empleo privado en zonas donde escasean las alternativas laborales, aunque también abrió el debate ambiental sobre el uso del territorio.
Para Pedro Antonio Arias, una parte de la respuesta a la falta de empleo privado en el interior salteño podría estar literalmente alrededor de los pueblos: millones de hectáreas con potencial para incrementar la actividad ganadera.
El presidente de Prograno sostuvo en La Máquina de Vapor, por DATASA, que Salta tiene posibilidades de desarrollar un rodeo de alrededor de cuatro millones de cabezas y estimó que semejante expansión podría generar unos 40 mil puestos de trabajo.
El potencial estaría principalmente en departamentos del norte y en Rivadavia, una de las regiones donde las oportunidades laborales formales son considerablemente más limitadas.
Ganadería y empleo en el interior
Arias planteó que el impacto de una expansión ganadera no debería medirse exclusivamente por la cantidad de animales.
Alrededor de cada establecimiento aparecen trabajadores rurales, profesionales, transportistas, proveedores, comercios, vehículos, maquinaria y servicios.
Ese movimiento, sostuvo, permite que parte de los recursos generados permanezca en las localidades cercanas.
Durante la entrevista relató una experiencia que observó personalmente en Rivadavia: un establecimiento administrado por un ingeniero agrónomo oriundo de la zona y trabajadores locales, algunos de los cuales, según contó, habían obtenido allí su primer recibo de sueldo.
Para Arias, esa experiencia muestra la posibilidad de generar empleo privado en lugares donde buena parte de las oportunidades laborales depende actualmente de municipios u organismos estatales.
Carne salteña para exportación
El dirigente aseguró que ya existen productores salteños colocando carne en mercados internacionales y consideró que un aumento sustancial del rodeo podría favorecer nuevas inversiones frigoríficas.
La lógica nuevamente pasa por alcanzar escala: para justificar inversiones industriales se necesita suficiente volumen de producción.
Más animales podrían significar entonces no solamente establecimientos ganaderos, sino también procesamiento, transporte y servicios asociados.
El punto sensible: qué hacer con el monte
La propuesta también abre una discusión que no puede esconderse debajo de la alfombra.
Arias sostuvo que para acelerar ese desarrollo serían necesarias modificaciones en las reglas vinculadas al desmonte, con el objetivo de reducir obstáculos para las inversiones.
Hacia el final de la entrevista describió experiencias donde zonas de monte con muy baja receptividad ganadera fueron intervenidas para incrementar significativamente la cantidad de animales por hectárea. Defendió la posibilidad de hacerlo mediante tecnología y, según sus palabras, “cuidando el ambiente”.
Ese es precisamente uno de los debates centrales que deberá atravesar cualquier expansión de semejante escala: hasta dónde puede crecer la frontera productiva y bajo qué condiciones ambientales.
Arias considera que existe tecnología para compatibilizar ambos objetivos. El impacto concreto de una eventual modificación normativa, sin embargo, dependerá de qué cambios se propongan y sobre qué territorios pretendan aplicarse.
“No nos salvamos solos”
Más allá de las cifras, Arias terminó colocando el eje en el impacto territorial de la producción.
“No nos salvamos solos”, afirmó al señalar que el crecimiento de una empresa pierde buena parte de su sentido si no genera movimiento económico alrededor.
En una provincia atravesada simultáneamente por enormes recursos naturales y profundas desigualdades territoriales, la discusión no es solamente cuánto puede producir Salta.
También es qué desarrollo quiere producir y quiénes participan de él.


