Carolina Komar, investigadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica y delegada de ATE, advirtió sobre renuncias, contratos en riesgo y el freno a proyectos estratégicos como el CAREM.

La situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica atraviesa un momento crítico. Así lo advirtió Carolina Komar, investigadora de la CNEA y delegada de ATE, durante una entrevista en La Máquina de Vapor, donde describió un escenario de pérdida de personal, falta de presupuesto y paralización de proyectos estratégicos.

Komar señaló que, desde la llegada del Gobierno nacional, el organismo perdió alrededor de 500 trabajadores sobre una planta de 4100 personas. Según explicó, el sector registra un promedio cercano a una renuncia por día, principalmente por el deterioro salarial y la falta de condiciones para sostener líneas de investigación y desarrollo.

El freno al CAREM y la pérdida de soberanía tecnológica

Uno de los puntos más preocupantes es la paralización del CAREM 25, el reactor modular pequeño desarrollado en Argentina. Este proyecto ubica al país dentro de una carrera tecnológica clave a nivel mundial, especialmente por la demanda energética que generan los nuevos centros de datos y la inteligencia artificial.

Komar remarcó que el CAREM no es solo una obra científica. También representa una posibilidad concreta de exportar tecnología argentina, generar valor agregado y sostener capacidades estratégicas propias. Por eso, consideró grave que el proyecto haya quedado frenado por decisión política.

Ciencia pública con impacto social

La investigadora defendió el rol del Estado en el desarrollo nuclear argentino. Recordó que la tecnología producida por la CNEA se financia con recursos públicos y vuelve a la sociedad en áreas sensibles como energía, medicina nuclear, radioisótopos, investigación y desarrollo industrial.

En ese sentido, explicó que la energía nuclear aporta entre el 8 y el 10% de la electricidad del país a través de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. Además, destacó que Argentina fabrica y exporta reactores de investigación, con antecedentes en países como Australia, Egipto y Perú.

Preocupación por los contratos y el futuro del organismo

Komar también advirtió que hay alrededor de 340 contratos cuya renovación aún genera incertidumbre. Frente a ese escenario, los trabajadores se mantienen en estado de alerta.

Además, señaló que el desfinanciamiento no solo afecta los salarios. También impacta en servicios básicos para el funcionamiento de los centros atómicos, como limpieza, mantenimiento, seguridad, transporte e incluso el pago de servicios.

Una discusión que excede lo salarial

Para Komar, el debate central no debe reducirse únicamente al reclamo salarial, aunque lo considera importante. El problema de fondo es el riesgo de perder capacidades científicas y tecnológicas construidas durante décadas.

La investigadora recordó que, tras el proceso de desguace de los años noventa, el sector tardó años en recomponerse. Por eso, advirtió que las decisiones actuales pueden tener consecuencias durante las próximas décadas.

La entrevista dejó una alerta concreta: si Argentina abandona sus desarrollos nucleares estratégicos, no solo pierde trabajadores especializados. También resigna soberanía, conocimiento, industria nacional y herramientas claves para el futuro energético del país.