La diputada nacional Adriana Serquis cuestionó el rumbo del Gobierno sobre la CNEA, el CAREM y Nucleoeléctrica Argentina. Advirtió que la Argentina podría perder capacidades tecnológicas, profesionales y oportunidades de exportación construidas durante décadas.

La diputada nacional por Río Negro Adriana Serquis, de Unión por la Patria, advirtió sobre el deterioro del sistema científico y nuclear argentino y puso el foco en el futuro del CAREM, la situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el proceso de privatización parcial habilitado para Nucleoeléctrica Argentina.

En diálogo con DATASA, Serquis planteó que el debate excede la generación eléctrica y alcanza dos conceptos centrales: la soberanía energética y la independencia tecnológica del país.

Para la legisladora, el retroceso presupuestario, la pérdida de profesionales y la interrupción de proyectos estratégicos pueden generar consecuencias difíciles de revertir.

El CAREM, en el centro de las críticas

Uno de los principales cuestionamientos estuvo dirigido al futuro del CAREM, el reactor modular pequeño desarrollado en Argentina.

Según explicó Serquis, el Estado nacional ya realizó una inversión superior a los 700 millones de dólares y la obra civil del proyecto había superado el 80% de avance.

La diputada sostuvo que la paralización genera interrogantes sobre el destino de los componentes ya adquiridos, el mantenimiento del predio y la continuidad de una iniciativa que, según afirmó, tenía como horizonte comenzar a funcionar en 2028.

Para Serquis, el desarrollo otorgaba a la Argentina una ventaja particular en un mercado internacional donde numerosos proyectos de reactores modulares todavía se encuentran en etapas menos avanzadas.

La legisladora afirmó que el CAREM no debía pensarse únicamente como una fuente de generación energética para el mercado interno, sino también como una potencial plataforma de exportación de tecnología nuclear argentina.

El riesgo de perder profesionales y conocimiento

Otro de los puntos centrales de la entrevista fue la salida de trabajadores especializados del sistema científico.

Serquis sostuvo que entre renuncias, pérdida salarial y finalización de contratos, la CNEA perdió cientos de profesionales y técnicos. También advirtió que parte de esos recursos humanos comenzó a trasladarse hacia proyectos privados.

La preocupación, según explicó, es que la Argentina pierda conocimiento acumulado durante décadas y que reconstruir esos equipos demande muchos años.

También señaló el impacto que podría tener esta situación sobre instituciones académicas vinculadas históricamente al sector nuclear, como el Instituto Balseiro, el Instituto Sábato y el Instituto Dan Beninson.

Para Serquis, estas instituciones son fundamentales porque funcionan como espacios de formación de los futuros profesionales del sistema nuclear argentino.

Nucleoeléctrica y la discusión por la privatización

La diputada también se refirió a Nucleoeléctrica Argentina, la compañía responsable de las centrales nucleares del país.

Según explicó, la Ley Bases habilita la incorporación de capital privado hasta un 49% de la empresa.

Serquis cuestionó la necesidad de avanzar con esa operación al considerar que se trata de una compañía estatal que, de acuerdo con su análisis, no presenta problemas estructurales de funcionamiento ni pérdidas que justifiquen su privatización.

También expresó dudas sobre la valuación que podría utilizarse en un eventual proceso de venta y señaló que existen pedidos de información y actuaciones para conocer las condiciones bajo las cuales podría avanzar la operación.

Un sistema construido alrededor del conocimiento

La legisladora destacó que uno de los aspectos más importantes del programa nuclear argentino fue su capacidad para articular organismos públicos, universidades y empresas privadas.

Como ejemplo, señaló que alrededor del CAREM existían cerca de 1.000 contratos con pymes argentinas, vinculadas a componentes, ingeniería, construcción y servicios especializados.

La importancia de ese entramado, sostuvo, estaba precisamente en que el desarrollo tecnológico podía generar actividad económica más allá de la propia central nuclear.

“Estamos disputando un modelo económico, un modelo de desarrollo”, sintetizó Serquis durante la entrevista.

Energía, industria y planificación

Serquis también vinculó la discusión nuclear con el debate sobre el modelo energético argentino.

La diputada consideró que las energías renovables como la solar y la eólica serán fundamentales para la transición energética, pero sostuvo que todavía necesitan complementarse con fuentes capaces de garantizar generación constante.

En ese escenario ubicó a la energía hidroeléctrica y nuclear como alternativas de base.

Su principal cuestionamiento estuvo dirigido a la ausencia de una planificación estatal de largo plazo. Según relató, desde el área energética nacional le plantearon que el mercado sería el encargado de determinar las futuras necesidades del sistema.

Serquis rechazó esa perspectiva y sostuvo que sectores estratégicos como la energía requieren planificación, formación profesional e inversión sostenida.

Para la diputada, la discusión de fondo no pasa únicamente por cuánto cuesta mantener un proyecto nuclear, sino por decidir qué lugar pretende ocupar Argentina en materia científica, tecnológica y energética durante las próximas décadas.