El especialista en geopolítica Niv Schmilchuk analizó el avance de las derechas en Europa y América Latina. Migraciones, crisis económicas, voto joven, redes sociales y desgaste de los progresismos aparecen entre las claves para comprender un escenario político que, según sostuvo, no puede explicarse como un único fenómeno global.
El licenciado en Geografía y especialista en geopolítica Niv Schmilchuk analizó en DATASA el crecimiento de fuerzas de derecha y extrema derecha en distintas regiones del mundo, desde los movimientos radicalizados que aparecen en Europa hasta el nuevo mapa político latinoamericano.
Para Schmilchuk, aunque existen elementos que se repiten, sería un error interpretar todos estos procesos como parte de una única ola coordinada. España, Italia, Estados Unidos o América Latina presentan realidades diferentes, atravesadas por sus propias crisis económicas, sociales, migratorias e institucionales.
Europa: necesita inmigrantes y al mismo tiempo los rechaza
Uno de los ejes de la entrevista fue la contradicción demográfica europea.
Schmilchuk explicó que numerosos países del continente tienen tasas de natalidad por debajo del nivel necesario para el reemplazo poblacional. Esto genera sociedades cada vez más envejecidas y una necesidad creciente de incorporar población joven al mercado laboral.
En ese escenario, países como Italia necesitan trabajadores extranjeros, pero la llegada de inmigrantes también genera tensiones económicas, culturales y políticas que son capitalizadas por sectores de extrema derecha.
“Ellos, de una u otra manera, realmente requieren la migración”, sostuvo.
El especialista incorporó además otro elemento: la relación histórica entre Europa y África. Según su análisis, los actuales movimientos migratorios no pueden separarse de décadas de colonialismo, relaciones económicas desiguales y presencia de capitales europeos en el continente africano.
Así aparece una paradoja: Europa necesita inmigración para sostener parte de su estructura productiva y demográfica, mientras crecen movimientos políticos que construyen precisamente al inmigrante como parte del problema.
¿Por qué avanzan las derechas?
Al trasladar el análisis hacia América Latina, Schmilchuk rechazó una explicación basada exclusivamente en factores externos.
Recordó que durante buena parte de las décadas de 2000 y 2010 el mapa regional estuvo dominado por gobiernos progresistas. Hoy, en cambio, numerosos países experimentan un desplazamiento hacia opciones de derecha.
Para el especialista, las razones también deben buscarse en las deudas de los propios progresismos.
“Para mí, dentro de todo, fue un fracaso de nuestro lado el surgimiento de este tipo de gobiernos.”
Schmilchuk, quien se definió como progresista y señaló que utiliza una matriz marxista para parte de sus análisis, sostuvo que los gobiernos de ese espacio no consiguieron responder de manera estructural a todas las demandas sociales.
Corrupción, desempleo, crisis económicas, debilidad institucional y problemas de distribución del ingreso pueden generar, según explicó, condiciones propicias para que los votantes busquen alternativas más radicales.
El voto joven y el poder de las redes
Dentro de ese fenómeno, Schmilchuk puso especial atención sobre un sector: los jóvenes.
Según su análisis, una parte importante del crecimiento de las nuevas derechas latinoamericanas se produce precisamente entre los electorados de menor edad.
Salta apareció durante la entrevista como un ejemplo de la capacidad que tuvo Javier Milei para movilizar a sectores jóvenes durante su crecimiento político.
Las redes sociales, sostuvo Schmilchuk, tienen un peso considerable en este proceso porque permiten instalar discursos políticos por fuera de las estructuras partidarias tradicionales y conectar con generaciones que presentan un fuerte descreimiento respecto de la política convencional.
Pero su explicación no se limitó a responsabilizar a los algoritmos. Para el especialista, detrás del éxito comunicacional existe también una demanda política insatisfecha que los espacios progresistas deben analizar.
Cuando el discurso también pasa factura
Schmilchuk fue especialmente crítico con algunas estrategias discursivas utilizadas por sectores de izquierda.
Al referirse a las recientes movilizaciones contra cambios vinculados al régimen de tierras, cuestionó que algunas expresiones concentraran sus críticas contra Israel.
Según sostuvo, los datos que mencionó durante la entrevista sobre propiedad extranjera de tierras muestran la presencia de capitales provenientes de numerosos países y, de acuerdo con su interpretación, Israel no ocupa un lugar relevante en esa nómina.
Para Schmilchuk, construir políticamente un enemigo que no se corresponde con los datos puede terminar debilitando incluso un reclamo que considera legítimo.
Su planteo fue más amplio: subestimar al electorado tiene costos políticos.
Cuando una consigna puede ser fácilmente contrastada y resulta inconsistente, argumentó, termina alimentando el descreimiento hacia quienes la sostienen.
Milei, Lula y una relación que Argentina necesita cuidar
El análisis también llegó a la relación entre Argentina y Brasil.
Schmilchuk cuestionó los ataques personales de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva y consideró que un presidente debe cuidar las formas frente al mandatario de un país con la importancia económica y geopolítica que Brasil tiene para Argentina.
“Brasil estornuda y Argentina se resfría”, graficó.
Para el especialista, reducir el análisis brasileño simplemente a la identificación ideológica de su presidente tampoco permite comprender la complejidad del país.
Brasil, señaló, continúa siendo una de las economías más grandes del mundo independientemente de que su gobierno sea conducido por un dirigente progresista.
El péndulo latinoamericano
Schmilchuk describió la política regional como un movimiento en el que las crisis económicas suelen provocar desplazamientos electorales hacia posiciones diferentes a las de los gobiernos que las atravesaron.
Sin embargo, destacó que cada país presenta características particulares.
Utilizó el caso de Perú para mostrar cómo una crisis política e institucional profunda puede coexistir con una relativa estabilidad económica, algo que contrastó con Argentina, donde las turbulencias políticas suelen trasladarse rápidamente a variables económicas y particularmente al dólar.
Por eso, advirtió contra las explicaciones demasiado simples: no existe una fórmula única capaz de explicar simultáneamente todos los cambios políticos latinoamericanos.
Argentina y la agenda del FMI
Hacia el final de la conversación, Schmilchuk incorporó la influencia de los organismos financieros internacionales sobre las decisiones nacionales.
Consideró que la Argentina posee márgenes limitados para definir autónomamente determinadas políticas debido a sus necesidades financieras y a su relación con el Fondo Monetario Internacional.
En ese sentido, sostuvo que las políticas de ajuste y las decisiones sobre qué áreas financiar también deben analizarse de tukntro de las condiciones impuestas por la relación con los acreedores internacionales.
Para Schmilchuk, el escenario actual combina entonces crisis económicas, instituciones debilitadas, transformaciones demográficas, nuevas formas de comunicación polític+a y electoradoos desencantados.c
Y allí aparece una de las conclusiones más incvómodas dee su análisis: el crecimiento de las nuevas derechas no puede entenderse solamente observando qué hacen esas fuerzas. También obliga a preguntarse qué dejaron de hacer, qué hicieron mal o a quiénes dejaron de representar quienes gobernaron antes.


