En Margaritas a los Chanchos, el diputado y ambientalista lanzó una propuesta sencilla: que cada salteño que pueda plante un árbol por año. También explicó por qué no cualquier especie sirve para cualquier vereda y cuestionó la costumbre de pedir ejemplares gratis sin asumir su cuidado.

¿Cuánto podría cambiar Salta si un millón de personas plantaran un árbol por año?

Esa fue una de las preguntas que dejó Gastón Galíndez durante su visita a Margaritas a los Chanchos, el programa conducido por YoCasto en DATASA.

El diputado provincial y ambientalista planteó que una acción individual, repetida a gran escala, podría contribuir a recuperar espacios verdes y mejorar las condiciones ambientales de las ciudades.

Su cálculo fue directo: si un millón de salteños plantara un ejemplar por año, en una década se alcanzarían diez millones de plantaciones.

Se trata de una proyección ilustrativa que no contempla la supervivencia de todos los árboles ni los recursos necesarios para mantenerlos.

Plantar un árbol no es simplemente hacer un pozo

Galíndez explicó que la elección de la especie es fundamental.

Una vereda angosta no puede recibir el mismo árbol que una plaza o un espacio abierto. El tamaño de la copa, el desarrollo de las raíces y las condiciones del lugar deben considerarse antes de plantar.

También defendió la utilización de especies nativas, por su adaptación al suelo y al clima local y por su aporte a la fauna, especialmente a las aves.

Durante la entrevista mencionó el trabajo de Econativa, desde donde se brinda orientación sobre las especies apropiadas para diferentes espacios.

¿Por qué no regalar árboles?

La conversación dejó una definición que puede generar debate.

Galíndez cuestionó que muchas personas pidan árboles gratis sin considerar el trabajo que implica producirlos.

Según explicó, obtener un ejemplar apto para plantar puede demandar alrededor de dos años de cuidados, desde la recolección y conservación de las semillas hasta su desarrollo en vivero.

Relató que, en algunas oportunidades, al entregar árboles para espacios públicos también debían encargarse de cavar los pozos, trasladar tutores y conseguir agua.

Su planteo no fue que las comunidades deban dejar de recibir ayuda, sino que exista una responsabilidad compartida en la plantación y el mantenimiento.

La sombra también es una cuestión de convivencia

El legislador recordó una situación de su paso por la gestión ambiental municipal: vecinos que pedían retirar árboles sanos porque otras personas ocupaban la sombra para estacionar.

La anécdota resumió una contradicción urbana. Mientras el calor aumenta y la sombra se vuelve más necesaria, todavía existen conflictos por conservar los árboles que ya están.

Galíndez propuso observar cuántos ejemplares hay realmente en cada cuadra y compararlos con los que podrían existir.
Su mensaje final fue sencillo: plantar más árboles, pero también elegirlo correctamente, cuidarlos y entender que sus beneficios se comparten.