El ingeniero químico Marcelo Correa explicó en La Máquina de Vapor que detectaron contaminación por hidrocarburos en un pozo con surgencia propia cerca de Campamento Vespucio. El especialista aseguró que el daño relevado todavía puede remediarse con relativa facilidad, pero advirtió que el cierre definitivo de los pozos requiere la intervención del Gobierno provincial y de las empresas responsables.

Los pozos petroleros abandonados del norte salteño llevan años formando parte de un problema que parece enterrado hasta que el petróleo, el gas o el agua vuelven a la superficie. Y entonces queda bastante claro que abandonar un pozo no significa necesariamente haberlo cerrado.

El ingeniero químico Marcelo Correa, responsable de un laboratorio industrial que trabaja desde hace más de dos décadas en la zona, habló en La Máquina de Vapor, por DATASA, sobre los estudios realizados en uno de estos pozos y puso números concretos sobre un problema ambiental que exige respuestas.

El caso analizado se encuentra en Lomitas 87, en cercanías de Campamento Vespucio, departamento San Martín, donde existe un pozo con surgencia propia. Según Correa, además, tendrían identificados otros dos pozos en condiciones similares en el sector.

Petróleo en el suelo

El equipo realizó estudios para determinar la presencia de hidrocarburos totales de petróleo (TPH) y establecer hasta dónde había avanzado la contaminación.

Los resultados detectaron una concentración del orden del 1,2% de TPH. Correa explicó que las petroleras de la zona utilizan como referencia un límite del 1%, aunque aclaró que ese parámetro no se encuentra reglamentado como tal.

El derrame alcanzaría una superficie aproximada de 645 metros cuadrados, mientras que el hidrocarburo habría penetrado unos diez centímetros en el suelo. Con esos parámetros, el especialista estimó aproximadamente 64 a 65 metros cúbicos de material afectado.

Pese a las dimensiones, Correa sostuvo que el cuadro actualmente es manejable y que el nivel de contaminación detectado no es elevado.

“La situación, si se le quiere llamar, no es grave. Es sencilla de corregir, es rápida. Se puede tratar ese suelo hoy contaminado”, explicó.

Pero justamente allí aparece la urgencia: que todavía pueda solucionarse con relativa facilidad no significa que pueda seguir esperando.

Contener primero, cerrar después

Correa diferenció dos problemas que suelen mezclarse cuando se habla de los pozos abandonados.

El primero es inmediato: detener la contaminación existente. Para Lomitas 87, el equipo propuso construir canales de contención protegidos con geomembranas, una pequeña pileta de recolección y retirar posteriormente el suelo contaminado para su tratamiento.

Incluso parte del petróleo que continúa surgiendo podría recuperarse, aunque Correa aclaró que se trata de volúmenes pequeños.

La segunda etapa es bastante más compleja: realizar el abandono definitivo del pozo. Allí ya se necesitan procedimientos específicos de la industria petrolera, equipamiento, recursos humanos especializados y participación de las empresas vinculadas a cada explotación.

Y esa diferencia importa. Poner una barrera para que el petróleo deje de extenderse sirve para contener el problema. Cerrar correctamente el pozo es resolverlo.

¿Quién debe hacerse cargo?

Cuando en La Máquina de Vapor le preguntaron quién debería tomar la iniciativa frente al riesgo ambiental, Correa apuntó directamente al Estado provincial.

“La Secretaría de Energía, el Gobierno provincial como primera medida. Es la que debe dar la iniciativa”.

Según explicó, corresponde determinar qué empresas tienen responsabilidad sobre los pozos, reunir la documentación existente y coordinar las tareas necesarias para la remediación y posterior abandono definitivo.

Correa evitó adjudicar responsabilidades sobre por qué los cierres no se hicieron correctamente en su momento. Señaló que son situaciones que vienen de años atrás y que establecer quién debía ejecutar cada tarea requiere reconstruir los antecedentes de cada explotación.

La discusión no es menor porque el problema excedería ampliamente los tres pozos con surgencia mencionados durante la entrevista. En el programa se hizo referencia a información oficial sobre la existencia de cerca de un centenar de pozos petroleros en Salta, aunque Correa fue cuidadoso: aseguró que la cantidad de pozos mal abandonados es elevada, pero dijo no contar con un número preciso y remitió ese dato a los organismos provinciales.

Lomas de Olmedo, el antecedente que enciende las alarmas

Durante la entrevista también apareció uno de los casos más sensibles de la provincia: Lomas de Olmedo, en el departamento Rivadavia, donde existe una importante surgencia de gas y agua contaminada con hidrocarburos.

Correa explicó que su laboratorio trabajó como proveedor de distintas compañías que operaron en esa explotación y realizó análisis sobre la calidad del gas emitido, los suelos afectados y el agua que surgía del pozo.

A diferencia de Lomitas 87, calificó aquella situación como ambientalmente grave, aunque aclaró que actualmente no conoce en detalle cuál es el estado del pozo ni las actuaciones gubernamentales en curso.

Un pasivo ambiental que también puede generar trabajo

La propuesta impulsada a partir de los estudios realizados junto al diputado provincial Nicolás Arce incorpora otra dimensión: utilizar las tareas de remediación y cierre para generar empleo en el departamento San Martín.

Correa sostuvo que la primera intervención sobre Lomitas 87 podría realizarse mediante una cuadrilla relativamente pequeña y que el trabajo posterior sobre los pozos abandonados requeriría empresas, técnicos, equipamiento y trabajadores especializados.

Es una posibilidad económica, pero no debería hacer perder de vista el orden de prioridades.

Los pozos no necesitan ser atendidos porque puedan generar empleo. Necesitan ser atendidos porque un pozo petrolero mal cerrado puede convertirse en un pasivo ambiental durante décadas.

El diagnóstico técnico sobre Lomitas 87 deja, paradójicamente, una buena noticia: todavía se está ante un problema remediable y de dimensiones controlables. Precisamente por eso resulta difícil justificar la demora.

Cuando el petróleo ya está saliendo a la superficie, discutir si corresponde intervenir deja de ser la pregunta. La pregunta es cuánto tiempo más se piensa esperar.