El empresario minero Luis Vacazur habló en La Máquina de Vapor sobre el presente de los proveedores locales, los altos costos que enfrenta la logística argentina y el desafío de competir con empresas extranjeras. Aunque la minería aparece como uno de los sectores con mayor proyección, advirtió que detrás de ese crecimiento hay compañías que trabajan con márgenes mínimos, se endeudan y buscan sostener cientos de puestos de trabajo.

La minería puede crecer, multiplicar exportaciones y atraer inversiones millonarias. Pero entre el yacimiento y esos números existen empresas que tienen que mover personas, insumos, equipos y producción todos los días. Y es justamente allí donde Luis Vacazur advierte que la foto empieza a volverse bastante menos cómoda.

Fundador del Grupo Vacazur Hermanos, empresario nacido del propio territorio minero salteño y vinculado desde hace décadas a la actividad, Vacazur pasó por La Máquina de Vapor, en DATASA, y describió una contradicción que atraviesa actualmente al sector: hay trabajo y oportunidades, pero los costos argentinos están poniendo contra las cuerdas a numerosos proveedores.

“Estamos trabajando en estos tiempos prácticamente a pérdida. Estamos compitiendo para ver quién pierde menos”, resumió.

No es precisamente la frase que uno espera escuchar de un empresario ligado a uno de los sectores presentados como motores de la nueva economía argentina. Y justamente por eso merece atención.

Crecer desde la Puna

Vacazur reconstruyó parte de una historia que comenzó mucho antes de las grandes inversiones actuales en litio.

Contó que su vínculo con la minería viene desde la infancia y recordó que su familia atravesó situaciones económicas muy difíciles antes de comenzar nuevamente desde cero.

Ya como empresario, en 2013 impulsó junto con otros actores la creación de CAPROSEMIT, una cámara de proveedores mineros surgida en San Antonio de los Cobres. Según relató, en aquel momento quienes hoy son proveedores eran en buena medida pequeños comerciantes o prestadores de servicios que comenzaban a insertarse en una industria que todavía tenía otra escala.

El planteo fue bastante simple: si la minería iba a instalarse y crecer en la Puna, parte de ese crecimiento tenía que convertirse también en empresas y trabajo local.

Dentro de aquella transformación apareció incluso una discusión que hoy parece elemental, pero que entonces generaba resistencia: formalizar actividades, facturar, pagar impuestos y construir antecedentes financieros que permitieran acceder a créditos.

Vacazur defendió esa lógica durante la entrevista. Para crecer, sostuvo, una empresa necesita demostrar qué factura, cuáles son sus clientes, qué activos posee y cuál es su nivel de endeudamiento.

La minería crece, pero el proveedor hace cuentas

El problema actual, según explicó, está principalmente en los costos.

Vacazur describió un escenario con mucha oferta de servicios, fuerte competencia por contratos y una estructura de gastos que vuelve difícil sostener márgenes.

Entre los ejemplos mencionó el precio de los camiones. Según sus estimaciones, una unidad que en Argentina puede rondar los 200 mil dólares tendría en Chile un costo considerablemente menor.

A eso se agregan combustible, impuestos, salarios, financiamiento y mantenimiento.

“Tenemos muy alto costo y carga impositiva. Eso hace que el empresario argentino no sea competitivo”, planteó.

La situación tiene además otro componente: muchas compañías mineras trabajan con plazos de pago de 30, 60 o incluso 90 días, mientras que las empresas proveedoras deben afrontar salarios, combustible y obligaciones todos los meses.

En el caso del Grupo Vacazur, explicó que detrás de esa estructura existen aproximadamente 150 trabajadores y sus familias.

“Uno se tiene que dar vuelta para sostener 150 familias”, describió.

Competir también significa mirar a China

Frente a esa ecuación, Vacazur no plantea cerrar la economía ni proteger eternamente al empresario local de la competencia. Su planteo es bastante más incómodo: adaptarse a ella.

La compañía ya comenzó, según contó, a incorporar camiones provenientes de China y considera que durante los próximos años aumentará fuertemente la presencia de equipamiento asiático en Argentina.

Su pronóstico es que la apertura económica terminará modificando la composición de las flotas utilizadas tanto en minería como en otras actividades productivas.

“De acá a un año la historia va a cambiar. Va a haber muchos equipos chinos”, anticipó.

La explicación vuelve nuevamente al costo. Si producir o comprar determinados equipos dentro del país resulta sustancialmente más caro que importarlos, el empresario terminará buscando alternativas afuera.

Y allí aparece otra discusión que excede a la minería: qué significa abrir una economía cuando las empresas locales tienen que competir con compañías que producen con costos, impuestos y financiamiento completamente diferentes.

La competencia existe. El problema es determinar desde qué línea larga cada corredor.

“No vendemos litio, hacemos fletes”

Vacazur también marcó una diferencia fundamental que suele desaparecer cuando se habla del boom minero.

Los proveedores no reciben el valor internacional del litio, del cobre o del oro.

“Nosotros hacemos flete. No vendemos litio, no vendemos oro”, remarcó.

Es una distinción sencilla y bastante necesaria.

Que una minera produzca un recurso cotizado internacionalmente no convierte automáticamente a cada empresa que trabaja alrededor del proyecto en una compañía con márgenes extraordinarios. Los proveedores tienen sus propios contratos, costos y riesgos.

Por eso Vacazur sostuvo que, aunque actualmente su empresa continúa capitalizándose, también atraviesa un fuerte nivel de endeudamiento.

“Estamos súper endeudados y ahí estamos soportando”, reconoció.

Incluso dejó una frase poco habitual para alguien que conduce una compañía consolidada desde hace más de dos décadas: si las condiciones no mejoran, nadie puede garantizar dónde estarán dentro de un año.

La Ruta 51, la otra cuenta que paga la minería

El empresario también puso el foco en algo bastante menos sofisticado que los mercados internacionales: las rutas.

La logística minera salteña depende en buena medida de caminos que atraviesan altura, frío y condiciones geográficas exigentes. Entre ellos, la Ruta Nacional 51, corredor fundamental hacia la Puna.

Vacazur habló de falta de mantenimiento y de las dificultades que deben afrontar los transportistas para circular por esa zona.

Y allí aparece otra paradoja: mientras Salta apuesta a multiplicar su producción minera, buena parte de esa producción y de los insumos necesarios para generarla todavía dependen de infraestructura que no creció al mismo ritmo.

No alcanza con tener litio debajo del salar. Después hay que conseguir que todo llegue y salga.

Minería sí, pero con proveedores que sobrevivan

Vacazur se declara claramente favorable al desarrollo minero y remarcó varias veces que sin esa actividad el escenario laboral del norte provincial sería considerablemente peor.

Pero su defensa de la minería no fue un discurso de folleto corporativo.

Habló de empresas que cierran, de márgenes deteriorados, de trabajadores cuyo poder adquisitivo pierde terreno, de rutas deficientes, de endeudamiento y de una competencia internacional que está obligando a modificar rápidamente la forma de hacer negocios.

Su mensaje para los proveedores fue seguir adaptándose. Y para los jóvenes, estudiar.

Porque también allí marcó otra transformación: la minería actual necesita técnicos y profesionales.

“La minería ya no es la minería de la pala, el pico y la carretilla. Hoy la minería cambió”, señaló.

El desafío para Salta quizá esté justamente ahí. No solamente conseguir que haya minería, sino lograr que alrededor de ella sobreviva y crezca un entramado empresarial local capaz de competir.

Porque si las inversiones aumentan mientras los proveedores del territorio terminan quebrando, algo de ese prometido desarrollo habrá quedado, una vez más, demasiado lejos de casa.