En Argentina, millones de personas podrían tener asma sin saberlo. Especialistas advierten sobre la importancia de reconocer los síntomas y acceder a un diagnóstico oportuno para evitar complicaciones.

 

Cada 5 de mayo se conmemora el Día Mundial del Asma, una fecha que busca generar conciencia sobre una de las enfermedades crónicas más frecuentes y, al mismo tiempo, más subdiagnosticadas. En Argentina, se estima que más de 4 millones de personas conviven con esta patología, aunque al menos 2 millones podrían padecerla sin haber sido diagnosticadas.
El asma es una enfermedad respiratoria crónica que provoca inflamación en las vías aéreas y dificulta la respiración. Muchas veces, sus síntomas se naturalizan o se confunden con afecciones menores, lo que retrasa la consulta médica y el tratamiento adecuado.
Entre los principales signos de alerta se encuentran el silbido en el pecho, la falta de aire, la tos persistente —especialmente durante la noche— y la sensación de opresión torácica. Estos síntomas pueden aparecer de forma intermitente, lo que también contribuye a que la enfermedad pase desapercibida.
El subdiagnóstico es uno de los principales desafíos. Especialistas señalan que entre un 30% y un 50% de los casos no están identificados, lo que impacta directamente en la calidad de vida de los pacientes y aumenta el riesgo de crisis severas, internaciones y complicaciones evitables.
En este contexto, distintas organizaciones impulsan campañas de detección temprana para facilitar el acceso al sistema de salud. Estas iniciativas buscan que las personas con síntomas compatibles puedan consultar a tiempo y recibir un diagnóstico preciso.
El diagnóstico del asma se realiza a través de la evaluación clínica, estudios de función pulmonar como la espirometría y, en algunos casos, pruebas para detectar alergias. Si bien no tiene cura, la enfermedad puede controlarse con tratamiento adecuado, seguimiento médico y cambios en el estilo de vida.
Los factores de riesgo incluyen antecedentes familiares, enfermedades alérgicas, exposición a contaminantes o humo de tabaco, infecciones respiratorias en la infancia, bajo peso al nacer y obesidad. En muchos casos, el componente alérgico está presente y puede ser desencadenado por ácaros, polvo, polen o pelos de animales.
El abordaje temprano resulta clave para mejorar el pronóstico y reducir el impacto en la vida cotidiana. El asma no solo afecta la salud, sino también el rendimiento escolar y laboral, especialmente en niños, donde es una de las principales causas de ausentismo.
Concientizar, reconocer los síntomas y consultar a tiempo son pasos fundamentales para controlar la enfermedad y evitar complicaciones. La detección temprana sigue siendo la herramienta más efectiva para mejorar la calidad de vida de quienes conviven con asma.