El oftalmólogo Alejandro Srur explicó en Salud TV cómo el estrés cotidiano puede manifestarse a través de molestias oculares, espasmos, tensión muscular y episodios de desenfoque. Además, dejó algunas pautas sencillas para quienes pasan muchas horas frente a una pantalla.
El estrés no se queda solamente en la cabeza, la espalda o el cuello. Los ojos también pueden empezar a mostrar las consecuencias de una rutina atravesada por preocupaciones, trabajo, cansancio y largas horas frente a las pantallas.
Durante su participación en Salud TV, el oftalmólogo Alejandro Srur explicó que cada vez aparecen con mayor frecuencia pacientes con manifestaciones oculares difíciles de separar del nivel de estrés que atraviesan.
Cuando el estrés empieza a verse en los ojos
Srur señaló que el ojo cuenta con músculos que permiten realizar sus diferentes movimientos y que, al igual que ocurre con otras estructuras musculares del cuerpo, pueden tensionarse.
Entre las manifestaciones mencionó los espasmos o mioclonías, contracciones de los párpados, molestias al mover los ojos, fatiga y episodios de desenfoque.
El especialista utilizó una imagen sencilla para explicarlo: cuando el estrés empieza a expresarse físicamente, muchas veces “el vaso” ya viene bastante lleno.
El problema es que esa acumulación puede naturalizarse. Las preocupaciones económicas, laborales, afectivas y emocionales se incorporan a la rutina hasta que el cuerpo empieza a pasar factura.
¿Cómo darle descanso a la vista?
Para quienes trabajan durante muchas horas leyendo o frente a una computadora, Srur recomendó realizar interrupciones periódicas.
Una de sus sugerencias fue dejar de fijar la vista aproximadamente cada 15 minutos y mover los ojos en distintas direcciones, además de levantarse, tomar agua y cambiar momentáneamente de actividad.
También destacó las ventajas de trabajar durante el día y aprovechar la iluminación natural siempre que sea posible.
Pantallas y niños: una advertencia especial
Srur hizo particular hincapié en el uso prolongado de dispositivos electrónicos durante la infancia.
“Los padres no le den el celular a sus hijos porque no es bueno”, sostuvo durante la entrevista y advirtió especialmente sobre llevar los dispositivos a la cama, donde se combinan tiempos prolongados de exposición, mala iluminación y posturas inadecuadas.
El oftalmólogo vinculó además el exceso de trabajo visual cercano durante la infancia con el desarrollo y progresión de la miopía.
La recomendación, entonces, no pasa por demonizar cada pantalla que aparezca sobre la faz de la Tierra, sino por algo bastante menos espectacular: administrar los tiempos, hacer pausas y prestar atención a las señales del cuerpo.


