Fue analista de sistemas, trabajó con datos y reconoce que durante años le resultó más sencillo comunicarse con una computadora que con otras personas. Hoy investiga los vínculos humanos y prepara un libro sobre aquello que alguna vez fue su mayor dificultad: comunicarse.

Una vida entre códigos

La computadora llegó temprano a la vida de Florencia.

Su madre trabajaba con explotación de datos y llevó una computadora a la casa cuando esos equipos todavía estaban lejos de formar parte del paisaje habitual de cualquier hogar.

Para hacer funcionar aquellas máquinas había que escribir instrucciones. Abrir un programa, ejecutar una función o salir del sistema implicaba aprender determinados códigos.

Florencia aprendió ese idioma.

Después estudió análisis de sistemas, trabajó profesionalmente con tecnología y terminó desarrollando una relación con los códigos que contrastaba con algo mucho más cotidiano: hablar con otras personas.

“Me fue más fácil hablar en lenguaje de programación”

Durante su entrevista en Conversaciones no secretas, Florencia hizo una confesión que permite entender buena parte de su recorrido posterior.

“Me fue mucho más fácil hablar en lenguaje de programación que en el lenguaje de las personas”, contó.

Durante años tuvo dificultades para ordenar y expresar todo aquello que pensaba. Las ideas aparecían rápidamente y traducirlas para que los demás pudieran comprenderlas no siempre resultaba sencillo.

Hablar en público también representaba un enorme desafío.

La dificultad no consistía solamente en explicar sus propias ideas. También debía aprender a interpretar aquello que otra persona intentaba comunicarle.

Aprender el idioma del otro

Ese problema terminó convirtiéndose en objeto de investigación.

Su recorrido profesional y personal incorporó disciplinas muy diferentes. A los sistemas y la tecnología se sumaron la psicología social y la astrología, esta última entendida por Florencia como una herramienta simbólica dentro de su proceso personal.

La búsqueda terminó desplazándose progresivamente desde los patrones informáticos hacia los patrones de comportamiento y las relaciones interpersonales.

La pregunta comenzó a cambiar.

Ya no se trataba solamente de entender cómo procesa información un sistema, sino de comprender cómo dos personas logran entenderse entre sí.

La comunicación ocurre del otro lado

La conversación dejó una pregunta flotando en el estudio: ¿dónde ocurre realmente la comunicación?

¿En aquello que una persona dice o en aquello que la otra consigue escuchar?

Buena parte del trabajo actual de Florencia nace precisamente de esa distancia.

Después de una vida relacionada con sistemas capaces de procesar instrucciones exactas, su investigación terminó concentrándose en un sistema infinitamente más imprevisible: las personas.

Y, a diferencia de una computadora, para ellas todavía no existe un manual de instrucciones