De trabajar con explotación de datos y procesos de negocios a investigar cómo la tecnología modifica nuestras relaciones. En Conversaciones no secretas, Florencia habló sobre inteligencia artificial, algoritmos, vínculos y el desafío de conservar lo humano en un mundo cada vez más digital.

De los datos a las personas

Mucho antes de que la inteligencia artificial se convirtiera en conversación cotidiana, Florencia ya trabajaba con datos, sistemas y modelos capaces de analizar comportamientos.

Durante su paso por multinacionales se especializó en procesos de mejora de negocios y trabajó con Business Intelligence y explotación de información. Eran, explica, herramientas utilizadas inicialmente por las corporaciones para comprender comportamientos y desarrollar estrategias de marketing.

Con el crecimiento de las redes sociales, aquel universo comenzó a transformarse. Los datos dejaron de servir solamente para describir lo que había sucedido y empezaron a utilizarse para anticipar comportamientos.

Florencia lo explicó durante su paso por Conversaciones no secretas: los algoritmos podían llegar a conocer patrones suficientes como para anticiparse a determinadas decisiones de los usuarios.

Cuando decidió cambiar de rumbo

Su acercamiento al costado tecnológico del comportamiento humano también produjo un quiebre profesional.

Después de comprender hacia dónde podía avanzar aquel desarrollo, decidió abandonar ese camino y concentrarse en el área social.

La preocupación no pasa, sin embargo, por rechazar la tecnología.

“Hay que tomar conciencia, hay que despertar, hay que entender, hay que no tenerle miedo a la tecnología, hay que saberla usar”, sostuvo.

Para Florencia, se trata de una herramienta extremadamente poderosa cuyo impacto depende tanto de quién la utiliza como de la manera en que se utiliza.

La inteligencia artificial y una carrera sin límites

La velocidad del desarrollo tecnológico ocupa buena parte de sus actuales reflexiones.

Considera necesario que en algún momento aparezcan límites para una carrera tecnológica que avanza a enorme velocidad, aunque reconoce que todavía no está claro quién podría establecerlos ni cómo deberían construirse.

Pero su preocupación central está puesta en otro punto: qué ocurre con las personas mientras ese proceso sucede.

Según plantea, la tecnología puede favorecer procesos de individualización y debilitar espacios de encuentro con los demás.

Por eso actualmente investiga exactamente el movimiento contrario: cómo utilizar herramientas tecnológicas para favorecer la revinculación entre las personas.

Tecnología para generar más humanidad

La paradoja atraviesa toda su mirada.

Florencia ama la tecnología. Creció rodeada de computadoras, estudió análisis de sistemas y trabajó profesionalmente con ellas. No propone escapar del mundo digital sino aprender a habitarlo.

Su búsqueda actual intenta encontrar una forma en la que tecnología y humanidad no funcionen como adversarios.

En tiempos en que una inteligencia artificial puede conversar, escribir, organizar información y acompañar procesos creativos, la pregunta deja de ser solamente qué puede hacer una máquina.

También empieza a importar qué queremos seguir haciendo nosotros.