Las nuevas generaciones crecerán conversando naturalmente con máquinas. En Conversaciones no secretas, Florencia planteó un interrogante que recién comienza: cómo evitar que nuestra relación con la inteligencia artificial termine modificando la manera de relacionarnos con otras personas.
Una generación que no conocerá un mundo sin IA
Para quienes atravesaron la aparición de internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales, cada tecnología tuvo un antes y un después.
Para los chicos que nacen ahora será diferente.
La inteligencia artificial simplemente estará ahí.
Florencia abordó ese cambio durante su participación en Conversaciones no secretas, donde habló desde una doble experiencia: su relación profesional con la tecnología y su maternidad.
Sus hijos crecerán en un mundo en el que conversar recurrentemente con un sistema artificial probablemente resulte tan cotidiano como hoy lo es utilizar un celular.
¿Cómo hablamos con una máquina?
La discusión abre un interrogante que va bastante más allá del tiempo frente a una pantalla.
Si un niño aprende desde pequeño a darle órdenes a una máquina, recibir respuestas inmediatas y mantener conversaciones con sistemas artificiales, ¿qué parte de esas formas trasladará posteriormente a sus relaciones humanas?
La pregunta planteada durante el programa fue si será necesario conservar códigos de gentileza y determinadas formas del lenguaje incluso cuando del otro lado no exista una persona.
Porque el lenguaje utilizado con las máquinas también podría convertirse en aprendizaje.
El riesgo de hablar todos igual
Florencia incorporó otro elemento: la preservación de los modismos y las identidades propias del lenguaje.
Recordó cómo los contenidos audiovisuales consumidos masivamente ya modificaron expresiones utilizadas por generaciones de chicos argentinos, incorporando palabras y tonalidades provenientes del llamado español neutro.
La inteligencia artificial podría profundizar ese fenómeno.
Por eso considera importante que las formas particulares de hablar, las tonalidades y los modismos puedan conservarse y no terminen absorbidos por una comunicación estandarizada.
La velocidad de un cambio inevitable
Para Florencia, la globalización de la cultura no desaparecerá.
Internet convirtió la inmediatez en parte de la vida cotidiana y la inteligencia artificial promete acelerar todavía más ese proceso.
La discusión, entonces, probablemente no consista en decidir si los chicos tendrán contacto con inteligencia artificial. Ese mundo ya está llegando.
El verdadero desafío será otro: qué lenguaje aprenderán dentro de él y cuánto de nuestra forma humana de relacionarnos conseguiremos llevar con nosotros.



