Pedro Arias pidió diferenciar la realidad de la soja de cultivos regionales como poroto, chía y sésamo. Advirtió sobre el riesgo de aplicar al NOA un sistema pensado desde otras estructuras productivas.
La discusión nacional sobre semillas y regalías tiene una dificultad bastante argentina: pretender que la misma regla sirva para producciones completamente diferentes.
El presidente de Prograno, Pedro Antonio Arias, explicó en La Máquina de Vapor que productores e instituciones del norte trabajan para que cultivos regionales como poroto, chía y sésamo tengan un tratamiento acorde con sus características.
La preocupación aparece mientras se discute un nuevo esquema para las semillas y el cobro de regalías.
El poroto no es soja
Arias remarcó que la realidad de las economías regionales no puede analizarse bajo los mismos parámetros que la soja.
En el caso del poroto, explicó, no existe la misma estructura de empresas semilleras desarrollando permanentemente nuevas variedades ni el componente biotecnológico presente en otros cultivos.
Por eso, productores del norte comenzaron a trabajar junto con instituciones nacionales y organismos técnicos para encontrar un esquema específico.
Semillas con décadas de historia
Uno de los aspectos más llamativos de la explicación de Arias tiene que ver con el origen de las semillas que actualmente utilizan muchos productores salteños.
Durante décadas, el INTA desarrolló variedades de poroto que luego fueron reproducidas sucesivamente por productores.
Con el paso de las generaciones, explicó Arias, ya no se trata necesariamente de ejemplares idénticos a las variedades originales sino de poblaciones descendientes de ellas.
Lo describió gráficamente como “hijos de hijos de hijos” de semillas desarrolladas hace aproximadamente tres décadas.
El desafío técnico pasa ahora por recuperar materiales, depurarlos, reconstruir variedades e inscribirlas correctamente para garantizar que puedan seguir utilizándose.
¿Quién cobra la regalía?
Detrás de la discusión técnica aparece inevitablemente una cuestión económica.
Arias consideró legítimo que una empresa cobre por una variedad que realmente desarrolló y que aporta una mejora productiva al agricultor. Pero marcó un límite.
“No puede pasar que venga un semillero, agarre variedades que son públicas o anote a su nombre alguna población”, sostuvo.
El dirigente aseguró que las organizaciones del sector buscarán evitar esa situación dentro de la discusión del nuevo régimen.
La pelea, entonces, no pasa simplemente por pagar o no pagar regalías. El punto es bastante más incómodo: determinar quién desarrolló realmente aquello por lo que después pretende cobrar.


