La Justicia condenó al abogado Santiago Pedroza por una causa vinculada a la venta irregular de terrenos inhabitables. Más allá de la sentencia, el caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo evitar caer en una estafa cuando la oferta parece demasiado buena para ser cierta?
La Justicia salteña condenó al abogado Santiago Pedroza a tres años de prisión condicional y lo inhabilitó por cinco años para ejercer la profesión, tras admitir su responsabilidad en una causa por maniobras fraudulentas relacionadas con la comercialización de terrenos inhabitables.
Junto a él también fue condenado Roberto Fernando López, quien, según la investigación judicial, participó de la estructura delictiva haciéndose pasar por abogado para facilitar las operaciones.
La investigación determinó que la organización ofrecía lotes ubicados en zonas inundables y sin posibilidad de urbanización, provocando un perjuicio económico millonario a cientos de familias. De acuerdo con la causa, los damnificados llegaron a entregar entre 500 mil y casi 8 millones de pesos con la ilusión de acceder a un terreno propio.
Pero la noticia no termina con una condena judicial.
Cuando la ilusión le gana a la prudencia
Comprar un terreno suele ser el sueño de toda una vida. Precisamente por eso, las estafas inmobiliarias suelen apuntar a personas que buscan una oportunidad y encuentran una oferta que parece imposible de dejar pasar.
El problema es que, muchas veces, la urgencia por aprovechar una «oportunidad única» hace que se dejen de lado controles básicos.
Ninguna operación inmobiliaria debería realizarse únicamente porque alguien inspira confianza, tiene un título profesional o promete resolver todos los problemas.
La confianza nunca puede reemplazar la documentación.
Cinco cosas que conviene hacer antes de entregar un solo peso
El caso vuelve a recordar algunas medidas básicas que pueden evitar enormes pérdidas económicas:
- Verificar la situación legal del terreno.
- Consultar si el lote es urbanizable y cuenta con las habilitaciones correspondientes.
- Pedir una segunda opinión profesional antes de firmar cualquier documentación.
- Desconfiar de las operaciones que exigen decisiones inmediatas o pagos urgentes.
- Confirmar toda la información en organismos oficiales y no solamente con quien ofrece la venta.
Una segunda opinión cuesta poco. Una estafa cuesta años.
En muchos casos, una simple consulta a otro profesional o una verificación en los organismos correspondientes puede evitar perder los ahorros de toda una vida.
Las estafas inmobiliarias suelen apoyarse en un mismo mecanismo: generar confianza, transmitir urgencia y convencer a la víctima de que está frente a una oportunidad irrepetible.
La realidad demuestra que las oportunidades verdaderas soportan preguntas, controles y verificaciones.
Las estafas, generalmente, no.


