El terapeuta sexual Rodra Blanco analizó la relación entre violencia de género, educación sexual y construcción de las masculinidades. Durante una entrevista en Mesa Chica, sostuvo que es necesario revisar los modelos culturales que naturalizan la violencia y apostar por una educación basada en el respeto, la empatía y la libertad.
A pocos días de una nueva movilización de Ni Una Menos, el terapeuta sexual Rodra Blanco participó del programa Mesa Chica y planteó una reflexión profunda sobre la violencia de género, la educación sexual y los modelos de masculinidad que atraviesan a la sociedad.
Según expresó, la violencia contra las mujeres no puede analizarse únicamente como un problema individual, sino como una problemática cultural que exige revisar cómo se construyen los vínculos desde la infancia.
«Es un tema que nos atraviesa a todos. No porque esté en agenda, sino porque forma parte de nuestra realidad cotidiana», señaló.
La violencia que se aprende
Durante la entrevista, Blanco remarcó que muchas conductas violentas se encuentran naturalizadas desde edades tempranas. Frases como «los hombres no lloran», «pegá primero» o «tenés que hacerte respetar» forman parte de una educación que asocia masculinidad con poder y dominación.
Para el especialista, el desafío consiste en cuestionar esos mandatos y construir nuevas formas de relacionarse.
«Lo que aprendimos se puede desaprender. Hay que revisar las ideas que tenemos incorporadas y preguntarnos si realmente queremos seguir reproduciéndolas», afirmó.
El rol de la educación sexual integral
Uno de los ejes centrales de la conversación fue la Educación Sexual Integral (ESI), una herramienta que Blanco considera fundamental para prevenir situaciones de violencia.
A su entender, la ESI no solo brinda información sobre sexualidad, sino que permite desarrollar autonomía, respeto por el propio cuerpo y comprensión de los límites y el consentimiento.
«La educación sexual integral genera libertad. Cuando conocemos nuestro cuerpo, nuestros derechos y nuestras emociones, tenemos más herramientas para tomar decisiones», explicó.
El terapeuta también cuestionó que gran parte de las nuevas generaciones continúe aprendiendo sobre sexualidad a través de la pornografía, sin contar con espacios de diálogo que permitan comprender las diferencias entre la ficción y las relaciones reales.
«La vergüenza tiene que cambiar de bando»
Blanco también se refirió a los discursos que suelen responsabilizar a las víctimas cuando se conocen casos de abuso o violencia sexual.
En ese sentido, retomó una frase que ganó relevancia internacional en los últimos años: «La vergüenza tiene que cambiar de bando».
Para el especialista, la sociedad todavía conserva mecanismos que buscan justificar a los agresores o poner el foco sobre las conductas de las víctimas, en lugar de analizar las responsabilidades de quienes ejercen la violencia.
«Tenemos que dejar de mirar qué hizo la víctima y empezar a preguntarnos qué pasa con quienes violentan», sostuvo.
Finalmente, Blanco destacó la importancia de promover espacios de diálogo dentro de las familias, las escuelas y los ámbitos comunitarios.
Aseguró que el respeto, la empatía y la comunicación son herramientas clave para construir relaciones más saludables y prevenir situaciones de violencia.
«Hablar de sexualidad también es hablar de libertad, de respeto y de derechos. No se trata solamente de relaciones sexuales; se trata de cómo vivimos y nos vinculamos con los demás», concluyó.


