El contador Juan Pablo Díaz Marinelli analizó el rol del Fondo Monetario Internacional, explicó por qué el organismo sigue de cerca a la Argentina y aseguró que el principal desafío no es solo la deuda, sino el destino de los fondos y la sostenibilidad del equilibrio fiscal.

La visita del FMI reaviva el debate sobre la deuda argentina

La llegada de una nueva misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a instalar interrogantes sobre la economía argentina. ¿Vienen a controlar? ¿Hay nuevas exigencias? ¿Se vienen más ajustes?

Para el contador Juan Pablo Díaz Marinelli, el análisis debe ir más allá de la discusión política y centrarse en los aspectos económicos que explican la relación entre la Argentina y el organismo internacional.

En diálogo con La Máquina de Vapor, sostuvo que el país continúa siendo un caso de especial interés para el FMI debido al volumen de su deuda.

«Argentina es el principal deudor del FMI»

Según explicó Díaz Marinelli, la Argentina concentra más del 35% de la cartera de préstamos del Fondo Monetario Internacional.

«Eso hace que el organismo quiera verificar si el país está administrando correctamente sus recursos, fortaleciendo las reservas y manteniendo el equilibrio fiscal», señaló.

En ese sentido, comparó la situación con un banco que supervisa el uso del dinero que prestó a un cliente para asegurarse de que podrá recuperar el crédito.

¿Es malo endeudarse con el FMI?

El especialista sostuvo que el debate no debería centrarse únicamente en la existencia de la deuda, sino en las condiciones del financiamiento.

Explicó que el FMI presta dinero a tasas cercanas al 3% anual, considerablemente inferiores a las que ofrecen los mercados financieros internacionales.

Por eso, afirmó que el verdadero interrogante no es si el país debe recurrir al Fondo, sino para qué utiliza esos recursos.

La deuda sigue, solo cambia el acreedor

Durante la entrevista, Díaz Marinelli remarcó que distintos gobiernos recurrieron al endeudamiento para refinanciar obligaciones anteriores.

«Lo que se hizo fue cambiar de acreedor. La deuda no desapareció», explicó.

A su criterio, el problema de fondo pasa por la falta de inversiones visibles que permitan mejorar infraestructura, conectividad o generar crecimiento económico capaz de facilitar el pago futuro de esas obligaciones.

El equilibrio fiscal también tiene costos

El contador reconoció que el Gobierno logró mejorar las reservas y avanzar hacia el equilibrio fiscal, aunque advirtió que parte de ese resultado se obtuvo mediante la postergación de pagos.

«No es que sobra dinero. En algunos casos simplemente se dejaron de pagar obligaciones», sostuvo.

Para el especialista, esa estrategia no puede sostenerse indefinidamente y deberá complementarse con reformas estructurales.

Impuestos, empleo y reformas pendientes

Díaz Marinelli también cuestionó la elevada carga impositiva sobre la actividad privada y afirmó que el costo laboral formal desalienta la generación de empleo.

En ese contexto, consideró necesario revisar el sistema tributario y laboral para reducir costos y favorecer nuevas inversiones.

Además, señaló que sectores estratégicos como salud, educación, seguridad, infraestructura y bomberos requieren financiamiento estable para garantizar el funcionamiento del Estado.

La discusión no termina en la deuda

Finalmente, el especialista sostuvo que la relación con el FMI no debería analizarse únicamente desde una mirada política.

Para él, el desafío pasa por lograr un modelo económico que permita financiar el crecimiento, administrar responsablemente los recursos públicos y reducir progresivamente la dependencia del endeudamiento externo.