La low cost cerró su oficina en el aeropuerto salteño y lleva más de una semana sin operar vuelos en la provincia. Trabajadores denuncian salarios impagos y desvinculaciones, mientras la compañía continúa ofreciendo tickets para próximas fechas. La crisis ya golpea a empleados, pasajeros y a la conectividad aérea de Salta.
Flybondi prácticamente desapareció del aeropuerto de Salta, pero no de Internet. La compañía cerró su oficina en el aeropuerto Martín Miguel de Güemes, lleva más de una semana sin operar vuelos desde la provincia y, aun así, continúa comercializando pasajes para próximas fechas.
La situación dejó de ser una sucesión de cancelaciones para convertirse en una crisis que afecta directamente a trabajadores y pasajeros. Según informó Nuevo Diario de Salta, alrededor de 20 empleados de la compañía en la provincia fueron desvinculados, entre despidos y retiros voluntarios, mientras persisten reclamos por salarios adeudados.
El escenario local es parte de una crisis mucho más profunda que atraviesa Flybondi a nivel nacional. La empresa redujo drásticamente su capacidad operativa y acumula cancelaciones, reclamos laborales y compromisos económicos pendientes.
Pero en Salta la consecuencia ya es concreta: la empresa no está volando.
Y mientras los aviones permanecen en tierra, los usuarios todavía pueden ingresar a los canales comerciales de Flybondi y encontrar vuelos ofrecidos para próximas fechas. Una situación que abre una pregunta bastante elemental: ¿qué garantía tiene hoy un pasajero de que el vuelo que está pagando efectivamente se realizará?
La incertidumbre también atraviesa a quienes trabajaban para la compañía. Los reclamos incluyen salarios, aguinaldos e indemnizaciones pendientes, en medio de una reducción de personal que también alcanzó a la operación salteña.
Juan Pablo Armanino, referente de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), ya había advertido en diálogo con DATASA sobre la gravedad del escenario y pedido a los pasajeros afectados que formalicen sus reclamos ante Defensa del Consumidor.
La preocupación excede incluso a Flybondi. Una aerolínea que deja de operar regularmente en Salta significa menos conectividad para la provincia, pero también consecuencias para hoteles, agencias, gastronomía, guías turísticos y todo el circuito económico que depende de la llegada y salida de pasajeros.
Una empresa que cobra por vuelos que no está realizando
Flybondi puede atravesar una crisis económica, financiera u operativa. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que una compañía continúe captando dinero de pasajeros mientras existen serias dudas sobre su capacidad efectiva para prestar el servicio que vende.
Desde DATASA repudiamos especialmente esa situación.
Porque detrás de una cancelación no hay solamente un número dentro de una estadística. Hay personas que compraron un pasaje, reservaron alojamiento, organizaron vacaciones, asumieron compromisos laborales o necesitan regresar a sus casas. Y detrás de los salarios impagos hay trabajadores que dependen de ese ingreso para vivir.
El cierre de la oficina en Salta termina de exponer una crisis que ya resulta imposible maquillar con promociones.
Si Flybondi no puede garantizar que sus aviones despeguen, lo mínimo exigible es que tampoco actúe como si nada estuviera pasando a la hora de vender los pasajes.


