Bomberos, Defensa Civil, el Sistema de Emergencias 911 y especialistas en ambiente coincidieron en un diagnóstico: los incendios que afectaron a Salta durante el viento Zonda fueron, en su enorme mayoría, consecuencia de la acción humana. También señalaron la necesidad de reforzar la prevención, mejorar la planificación y garantizar recursos para quienes combaten el fuego.
Mientras las llamas avanzaban sobre distintos sectores de Salta impulsadas por el viento Zonda, cientos de personas trabajaban para evitar una tragedia mayor. Sin embargo, una vez controlada la emergencia, las entrevistas realizadas por DATASA dejaron una conclusión contundente: el verdadero problema no es el viento, sino las conductas humanas que originan la mayoría de los incendios.
Las declaraciones del jefe del Sistema de Emergencias 911, Norberto Mastrandrea; del director de Defensa Civil, Gonzalo Rodríguez; del jefe operativo de Bomberos Voluntarios de Campo Quijano, Fernando Nelson Lozano; y del diputado y ambientalista Gastón Galíndez, permiten construir un diagnóstico común sobre lo ocurrido.
El viento no inicia los incendios
Los cuatro entrevistados coincidieron en un punto central.
El viento Zonda fue el factor que permitió que las llamas se propagaran con enorme velocidad, pero no fue el origen del fuego.
Lozano explicó que durante esta época del año el riesgo aumenta por la sequedad de los pastizales y las condiciones climáticas, aunque recordó que los incendios suelen comenzar por quemas mal realizadas o acciones humanas.
En la misma línea, Galíndez sostuvo que prácticamente la totalidad de los focos registrados tiene intervención humana y reclamó que cada caso sea investigado.
La prevención sigue siendo la gran deuda
Otra coincidencia aparece en la necesidad de anticiparse a la emergencia.
Rodríguez explicó que Defensa Civil trabaja con monitoreos permanentes y coordinación interinstitucional, pero remarcó que la prevención debe comenzar mucho antes del primer incendio.
Galíndez propuso fortalecer los cortafuegos, limpiar terrenos baldíos y coordinar con municipios, empresas de servicios y organismos de emergencia antes de la temporada crítica.
Los bomberos agregaron un dato clave: cuanto menor sea la cantidad de pastizales secos y residuos acumulados, menor será el combustible disponible para que el fuego avance.
Los recursos alcanzan… hasta que dejan de alcanzar
Las entrevistas también dejaron al descubierto las limitaciones materiales que enfrentan quienes combaten el fuego.
Lozano reveló que el cuartel de Campo Quijano reclama alrededor de 90 millones de pesos correspondientes a subsidios nacionales adeudados y explicó que solo vestir a un bombero con equipamiento adecuado implica una inversión millonaria.
Víctor Villanueva, de la Brigada Solidaria, también había señalado que un traje estructural cuesta entre dos y tres millones de pesos y que incluso obtener el boleto gratuito para que los voluntarios concurran a las guardias sigue siendo una deuda pendiente.
Mientras tanto, los incendios no esperan los tiempos administrativos.
La coordinación funcionó
Donde sí existió coincidencia fue en reconocer el trabajo conjunto realizado durante la emergencia.
Mastrandrea destacó la articulación del Sistema 911 con Policía, Bomberos y Defensa Civil para administrar las llamadas y priorizar las intervenciones.
Rodríguez valoró el despliegue coordinado entre organismos provinciales y municipales.
Los bomberos explicaron que hoy los recursos ya no se concentran en un solo incendio, sino que se distribuyen estratégicamente para evitar dejar descubiertos otros sectores.
Ese cambio operativo permitió responder simultáneamente a distintos focos registrados durante los días de mayor intensidad del viento Zonda.
¿Quién prende fuego?
Quizá la reflexión más fuerte surgió de Galíndez.
El legislador pidió que la Justicia investigue cada incendio para determinar no solo quién inició el fuego, sino también si existió algún interés económico detrás de determinadas quemas, como posibles cambios en el uso del suelo o especulación inmobiliaria.
Aunque aclaró que no todos los incendios responden a esa lógica, sostuvo que esa hipótesis no puede descartarse sin investigación.
Los bomberos coincidieron en que quienes provocan incendios deben enfrentar sanciones ejemplares.
La verdadera emergencia
Las cuatro entrevistas terminan construyendo una misma conclusión.
El viento Zonda pasará.
La temporada de incendios también terminará.
Lo que permanecerá será el desafío de cambiar conductas.
Porque mientras continúen las quemas ilegales, los terrenos abandonados, los residuos acumulados y la falta de prevención, los bomberos seguirán llegando cuando el fuego ya comenzó.
Y esa es, precisamente, la conclusión más preocupante.
No falta experiencia.
No falta vocación.
Lo que todavía falta es una sociedad que comprenda que la primera línea de defensa contra un incendio no es una autobomba: es la prevención.


