Los últimos movimientos sísmicos en la región volvieron a encender una alarma que en Salta nunca debería apagarse. Viviendas sin encadenados, ampliaciones realizadas sin cálculo estructural y construcciones fuera de las normas sismorresistentes pueden presentar mayores riesgos incluso frente a movimientos moderados. El problema no es solamente cuándo volverá a temblar, sino cómo estamos construyendo para cuando ocurra.

 

Vivir en Salta implica convivir con los sismos. La mayoría pasan casi inadvertidos, algunos consiguen mover lámparas y despertar grupos de WhatsApp con una eficiencia envidiable, pero otros recuerdan algo bastante menos anecdótico: la provincia se encuentra en una región sísmicamente activa y la seguridad de una vivienda depende, en buena medida, de cómo fue construida.

Los recientes terremotos registrados en la región volvieron a instalar la discusión sobre la vulnerabilidad de las edificaciones salteñas. Y aunque resulta imposible señalar a simple vista qué casa resistiría un terremoto y cuál no, existen características constructivas que deberían encender algunas alertas.

Paul Hernán Kohan, director de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), puso especialmente el foco en las viviendas de mampostería simple o sin encadenar. Este tipo de estructuras puede sufrir daños no solamente frente a terremotos de gran magnitud, sino también ante eventos sísmicos moderados.

La intensidad del movimiento, entonces, es apenas una parte de la ecuación. También importan los materiales, el sistema estructural utilizado, la antigüedad de la construcción, las características del suelo y, especialmente, todo lo que se hizo con la propiedad después de haber sido construida.

El peligro de la habitación que apareció después

Una casa rara vez permanece exactamente igual durante décadas. Aparece una habitación en el fondo, después una galería, otro dormitorio y, cuando la familia necesita más espacio, quizás una planta superior. El problema comienza cuando esas ampliaciones se realizan sin determinar previamente si la estructura original está preparada para soportarlas.

Las construcciones levantadas o modificadas sin un proyecto estructural adecuado constituyen uno de los puntos de preocupación señalados por Kohan. Agregar peso, modificar paredes o ampliar una edificación sin intervención profesional puede alterar la manera en que toda la estructura responde ante un terremoto.

Por eso tampoco resulta correcto convertir determinados barrios de Salta en sinónimo de peligro. Dos viviendas ubicadas una al lado de la otra pueden responder de maneras completamente diferentes frente al mismo movimiento dependiendo de cómo fueron diseñadas y ejecutadas.

Para conocer realmente el nivel de vulnerabilidad de la ciudad sería necesario realizar un relevamiento que permita analizar las condiciones de las estructuras existentes. Antigüedad, materiales, características del terreno, modificaciones posteriores y cumplimiento de las normas son algunos de los factores que deberían formar parte de ese diagnóstico.

Una casa no necesita derrumbarse para ser peligrosa

Cuando pensamos en un terremoto solemos imaginar el peor escenario: un edificio desplomándose. Sin embargo, buena parte de los riesgos aparecen mucho antes del colapso.

Revoques, medianeras, parapetos, estanterías, equipos de aire acondicionado y otros elementos pueden desprenderse durante un movimiento sísmico y provocar lesiones aunque la estructura principal continúe perfectamente en pie. También pueden producirse daños en instalaciones y servicios.

Esto cambia bastante la pregunta sobre qué significa tener una vivienda «segura». No alcanza con pensar que una construcción difícilmente vaya a caerse. También importa cómo están instalados y asegurados aquellos elementos que pueden transformarse en un riesgo durante los pocos segundos que dura un sismo.

Argentina cuenta con reglamentos para el diseño de estructuras, entre ellos las normas CIRSOC y el reglamento INPRES-CIRSOC 103 para construcciones sometidas a acciones sísmicas. En Salta, además de la responsabilidad de los profesionales que proyectan y dirigen las obras, intervienen organismos como el COPAIPA y los municipios en diferentes instancias de revisión, aprobación y fiscalización.

El terremoto no avisa

Quizás ahí esté la parte incómoda del asunto. Después de un terremoto importante aparecen las preguntas sobre edificios, controles, protocolos y prevención. Cuando durante meses el suelo permanece tranquilo, el tema vuelve educadamente al cajón.

Pero el riesgo sísmico no comienza cuando tiembla.

Comienza cuando una casa se levanta sin respetar criterios estructurales, cuando se agrega un piso sin comprobar qué puede soportar lo construido debajo o cuando una obra se realiza sin asesoramiento profesional.

Nadie puede anticipar cuándo ocurrirá el próximo terremoto importante en Salta. Tampoco puede afirmarse, sin estudiar cada estructura, qué edificios sufrirían daños graves.

Lo que sí puede decidirse antes es cuánto riesgo estamos dispuestos a acumular.

Porque frente a los terremotos hay una variable imposible de controlar: el movimiento de la tierra. La otra, la manera en que construimos sobre ella, depende bastante más de nosotros.